El culposo gusto de las remesas

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El presidente Andrés Manuel López Obrador festejó la entrada de remesas al país, que al primer semestre se recibieron 18 mil millones de dólares; pero se prevé que supere los 35 mil millones de dólares al final del año, por lo que calificó ese ingreso de recursos como una bendición y a quienes envían el dinero como unos héroes. Desde que Vicente Fox ganó la presidencia, en el 2000, las remesas son un gusto de los presidentes que no obstante deberían mostrar algo de culpa.

En la conferencia matutina en la que festinó el ingreso de las remesas, López Obrador no dejó de mostrar esta culpa, señaló que era importante el apoyo de los paisanos “son héroes vivientes” pero añadió que a pesar de la importancia de esos envíos es que el mexicano no tenga que emigrar por necesidad del país, sino por gusto.

El gusto culposo de las remesas, es que a pesar de que los envíos de dinero del extranjero, principalmente de Estados Unidos, es que reactiva a la economía popular, pero sobre todo al consumo, y no es un recurso que se invierta en cuestiones productivas sino que se aplica al gasto de las familias.

El incremento de la entrada de recursos por los envíos se comenzó a incrementar en el sexenio de Vicente Fox, y de acuerdo a información citada del Banco de México hasta el 2005 pasaron a 71 mil 936 millones de dólares, frente a los 23 mil 709 millones de dólares que se enviaron durante el gobierno de Ernesto Zedillo.

Con Felipe Calderón llegaron a 114 mil 831 millones de dólares en los primeros cinco años de Gobierno, mientras que en el mismo periodo del sexenio de Peña Nieto, el monto de las remesas alcanzó 123 mil 895 millones de dólares; y ahora se esperan en este sexenio llegue a los 35 mil millones. Menos dinero que antes.

Pero sea más o sea menos, el problema de ese dinero es que proviene del extranjero de mexicanos que se vieron obligados a emigrar para conseguir mejores condiciones de vida, y que desde allá contribuyen para que sus familiares que se quedaron de este lado tengan un poco de dinero, del cual se hacen dependientes. Y esta dependencia, frente a las políticas antimigratorias del presidente estadounidense Donald Trump coloca al filo de la navaja a quienes los envían, pero también a quienes lo reciben.

Para los gobiernos, ya sea este de López Obrador o de sus antecesores significa un gran gusto que la gente tenga recursos económicos, porque eso alivia un poco la presión en la precariedad en la que viven muchas familias. Pero denota que la falta de oportunidades laborales y las condiciones de trabajo y mejores ingresos en México sigue expulsando al vecino país a muchos mexicanos.

La gente tiene un poco de dinero por lo que se les envía, pero en el país la generación de empleos y con ello los bajos ingresos y la pérdida del poder adquisitivo están causando una mayor empobrecimiento.

Al final de cuentas, desde Fox a López Obrador cuando festejan el incremento de las remesas, están festejando que el gobierno mexicano no ha podido arraigar a la gente en el país para que produzca y tenga empleo aquí. Y este gusto siempre tendrá un sabor a culpa.

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