2 de octubre, pasado y presente de México

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Este dos de octubre se cumplieron 51 años de la represión a la movilización estudiantil en la ciudad de México. La fecha es emblemática para hacer referencia a la vida política del país, aunque de manera interna, porque de manera externa la visión que se tenía era otra.

Hacia fuera, México era un lugar en donde los exiliados de los países latinoamericanos con dictaduras militares se podían exiliar un tiempo, y algunos lo hicieron para siempre; adentro, los militantes de izquierda consideraban al gobierno un represor. Para la izquierda latinoamericana México era la protección, para la mexicana era la represión.

En el 68 dice Carlos Fuentes ocurrió una constelación de movimientos juveniles conocidos ahora como el mayo parisino, la primavera de Praga y la matanza de Tlatelolco. De Francia y Checoslovaquia, fue en México la respuesta más brutal a esas movilizaciones, con la muerte de los estudiantes que pretendieron cambiar un sistema que no estaba dispuesto a ser cambiado.

Aunque era presidente y asumió la responsabilidad histórica y moral de los hechos del 68 Gustavo Díaz Ordaz; Luis Echeverría Álvarez, quien era su secretario de Gobernación, también fue acusado como responsable el presidente que le sucedió en el cargo. Como presidente Echeverría pretendió la reconciliación, con los universitarios. Pero no lo logró.

El 68 abrió en México una puerta que condujo a un callejón sin salida y muy oscura, denominada la Guerra Sucia, con el surgimiento de grupos guerrilleros, de muchos grupos guerrilleros, que si bien no se pudieron articular, si actuaron en varios estados del país. Estas guerrillas integradas por jóvenes que no vieron otra salida, ante el cierre de las movilizaciones legales y cívicas con la represión gubernamental, que ni estaba dispuesta ni interesada en escuchar los reclamos de una juventud disidente.

El uso del Ejército para acabar con la movilización armada, con acciones para nada legales y que coincidía con las que realizaban las fuerzas armadas en las dictaduras militares de América Latina, como desapariciones forzadas, ejecuciones extralegales y vuelos de la muerte, en la que arrojaban personas al mar. De estos saldos Guerrero es el que tiene el más alto índice de agravios.

Esta violencia perduró hasta entrada la década de los 80. Fruto de estas andanzas hay muchas historias, en las que se reivindica el papel de la guerrilla, y otros con una visión crítica de esos grupos armados; y otras en las que se pondera el papel represor del ejército mexicano. Y aunque haya más tinta de un lado que del otro, y se haya derramado más sangre de un lado que del otro; la visión de los vencidos tiene mayor difusión que de la de los vencedores.

El 68 abrió una puerta que definitivamente no se ha cerrado, todavía hay quienes reivindican la lucha armada, a pesar de que los cauces legales tiene tiempo que se abrieron. Que ya no es tan fácil la represión de los movimientos sociales, que la exigencia de democracia en el país se ha cumplido, a pesar de que no se ha llegado a mejores estadios sociales.

Definitivamente el México que vivimos no es el mismo de hace 50 años. Aunque haya quienes consideren que la miseria que se vive en el país no se ha resuelto, que los agravios económicos y sociales no se han atendido, no será con la lucha armada como se logre esto. Si con la paz poco se ha avanzado, mucho menos se avanzará con las armas. Porque buscar el progreso en medio de las balas, es como encontrar rosas en el mar, según rezaba una canción de la época.

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