50 años de guerra contra las drogas

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En junio pasado se cumplieron 50 años que se declaró la guerra contra las drogas. Fue el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, quien hizo la declaratoria y comenzó lo que hasta ahora se ha extendido por todo el mundo, con cualquier forma de resultado, pero menos acabar con las adicciones, que por todo lo contrario, se han incrementado y han aumentado las opciones de sustancias adictivas.

Muchas son las estrategias que se han seguido en este tiempo, en México se criticó a un presidente, Felipe Calderón, por iniciar la guerra contra las drogas en el 2006, y dejar un reguero de muertos; el actual presidente Andrés Manuel López Obrador ha optado por un eslogan que manifiesta su inmovilidad frente al problema, “abrazos, no balazos”, por el cual también es denostado.

Sin embargo, con uno o con otro, los cárteles del narcotráfico han demostrado mucho poderío bélico. Como se demostró el 17 de octubre del 2019, cuando el Ejército Mexicano atrapó a Ovidio Guzmán López y casi al mismo tiempo lo dejó libre, la frustrada acción motivó el debate coyuntural sobre el fracaso del Estado mexicano, es decir, el gobierno de López Obrador. Más allá que si está bien o mal, la detención y liberación del hijo de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, en realidad no se ha discutido lo suficiente sobre la estrategia para enfrentar al narcotráfico en México.

El lugar más conflictivo de las batallas entre narcotraficantes ahora es Aguililla, en el estado de Michoacán; pero no el único. No se puede decir que los territorios controlados por los grupos delictivos han crecido con López Obrador, pero tampoco quiere decir que hayan disminuido su poder y el control frente a un Estado evidentemente disminuido.

Hace apenas unas semanas, el gran debate mediático entre presidente y algunos periodistas fue motivado por una fotografía en la que hay un hombre armado en su paso, en la Costa Chica de Guerrero, en la que algunos reporteros señalaron como un sicario frente al titular del Ejecutivo.

La aclaración de que no se trataba de un sicario sino de un policía comunitario no aclara nada. La mayor parte de los policías comunitarios, excepto las originarias de

la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias, se encuentran en zona gris, es decir, son auxiliares en seguridad pública, pero como agentes no estatales. En tanto que los sicarios están fuera de la ley. Además de que la existencia de policías comunitarios, como agentes no estatales de seguridad pública, se justifican precisamente por la ausencia del Estado.

A lo largo de los 50 años de la guerra que se desató en contra de las drogas en Estados Unidos y que se tradujo en apoyo económico a otros países, entre ellos México, con diversos programas que han pasado a mejor vida sin terminar con el cometido ni cumplir con la misión, más ha podido el poder de cooptación de los narcotraficantes para atraer a los adversarios gubernamentales, que tienen la encomienda de atraparlos.

En estos 50 años tanto México como Estados Unidos han encerrado a muchos líderes de cárteles y a otros los han asesinado, pero es una cosecha que no ha terminado, muy por el contrario, se ha diversificado; por cada líder enterrado o encerrado hay otros peleándose el liderazgo y dividiéndose a sangre y fuego.

En esta guerra a 50 años solo hay un ganador visible, y es precisamente al que no se quiere ver como tal, pero que ya superó al Estado, sea dirigido por la izquierda o la derecha.

 

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