A 50 años del “68”

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A VER, A VER… Entre los años 1985 a 1987 fui invitado varias veces a la casa del General Luis Gutiérrez Oropeza, quien fue Jefe del Estado Mayor Presidencial de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970).

El motivo de las reuniones, que no entrevistas, fueron para proporcionarme detalles de los momentos más importantes del movimiento estudiantil de 1968 y las intrigas palaciegas del Gabinete de Gustavo Díaz Ordaz.

De esas pláticas -off the record-, no obstante escribí columnas en El Heraldo de México, donde también me desempeñaba como jefe de redacción, omitiendo algunos nombres de personas por motivos de seguridad.

El General Gutiérrez Oropeza habitaba en una lujosa residencia en el Pedregal de San Ángel, una de las zonas más exclusivas al sur de la Ciudad de México. Contaba con una gran superficie de terreno, a la altura del Periférico Sur, lo cual me intrigó.

–General, ¿cómo le hizo para adquirir este terreno y esta residencia?. -Verás, antes de celebrarse los XIX Juegos Olímpicos del 68, convencí al Presidente para trasladarme a este lugar con elementos del Ejército, equipo militar y caballos para coadyuvar en la seguridad de los eventos deportivos que se realizarían por la zona de ciudad universitaria.

-¿Y luego? Bueno, después de que pasaron los Juegos Olímpicos, me quedé con este terreno que pertenecía a un amigo, con quien después de una charla llegué a un buen acuerdo, mencionó.

El General Luis Gutiérrez Oropeza, en calidad de Jefe del Estado Mayor Presidencial de Ordaz, tenía mayor poder que el mismo secretario de la Defensa Nacional, General Marcelino García Barragán. Mientras que éste pedía cita para acordar los asuntos con el Presidente, Gutiérrez Oropeza quien estaba todo el tiempo cerca y además escuchaba las pláticas privadas. En algunos casos, el Presidente le pedía consejo hasta de cosas referentes a la familia.

Debido a esa cercanía, varios integrantes del Gabinete le tenían miedo, pero también lo odiaban. Obedecía sólo órdenes de Díaz Ordáz, no del secretario de la Defensa. A pesar de que la Sedena cuenta con servicios de inteligencia confiables, en sus propias instalaciones, mismas que pude visitar con su venia, Gutiérrez Oropeza tenía su propia oficina de Investigaciones.

Se dio cuenta cuando Luis Echeverría empezó a “jugar un doble juego”. Por una parte reprimía a estudiantes, profesores y gente interesada en la violencia callejera, pero por otra parte los alentaba. A su vez, Emilio Martínez Manatou, secretario de la Presidencia, financiaba a varios de los lìderes estudiantiles y profesores revoltosos, según dijo.

El 18 de septiembre de 1968, durante la ocupación del Ejército de Ciudad Universitaria, fueron alertados los principales dirigentes del Consejo Nacional de Huelga para que se salieran. Detuvieron a otros. Era un juego perverso que parecía no tener “pies ni cabeza”. Sin embargo de todas esas maniobras, informaba en tiempo y forma al Presidente. Y Díaz Ordaz a pesar de estar enterado mantenía la confianza en sus secretarios.

Había, un golpeteo fuerte por debajo de la mesa entre los aspirantes presidenciales. Y usaban en forma descarada el conflicto estudiantil. El 2 de octubre de 1968, día de los trágicos hechos, Luis Echeverría Álvarez, ordenó iniciar el fuego contra elementos del Ejército que provenían de la azotea de uno de los edificios de Tlatelolco, confiesa. Pero exonera Gutiérrez Oropeza al Batallón Olimpia. Dijo que ellos no empezaron la balacera, ni tampoco su gente del EMP.

Cabe destacar que el Batallón Olimpia fue un grupo creado por el gobierno para garantizar la seguridad en los XIX Juegos Olímpicos que se celebraron el 12 de octubre de 1968, el cual estaba formado por 600 elementos que provenían de distintas zonas militares, cuya contraseña para no ser agredidos, arrestados o confundidos con civiles, usaban un guante o pañuelo blanco en la mano izquierda.

Ese miércoles 2 de octubre, en la Plaza de las Tres Culturas, como en otros mítines o manifestaciones, se infiltraron para detener a los manifestantes. Pero no fueron los únicos. Hubo elementos del Estado Mayor Presidencial, Guardias Presidenciales y de la Dirección Federal de Seguridad.

-Los primeros disparos contra los elementos del Ejército Mexicano que estaban a prudente distancia del mitin, pudieron haber venido de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) que dependía de Gobernación. En medio de la confusión, los soldados también dispararon e hicieron lo mismo los elementos del Batallón Olimpia.

¿Con qué objeto el fuego amigo? Pregunté. -Echeverría quiso terminar con el movimiento estudiantil en vísperas de los Juegos Olímpicos. Además se alzaba como “el salvador de la Patria”. Ahí se ganó la Presidencia a costa de un montón de cadáveres, comentó.

-¿Es posible tanta perversidad? -Ahí está otro hecho sangriento: el 10 de junio de 1971. Para deshacerse de personajes incómodos, fraguó la matazón de estudiantes y culpo a otros. A 50 años de esos hechos graves, Echeverría lucha contra sus demonios en su casona de San Jerónimo, al sur de la Ciudad de México. Está muy enfermo, con un montón de medicinas, enfermeras y médicos a su lado. Sus ayudantes lo sacan en silla de ruedas al jardín a tomar el sol, en condiciones lamentables, en espera de la hora fatal.

En tanto, varios líderes sobrevivientes del “68” que fueron empoderados por “el sistema” en jugosos puestos (senadores, diputados, embajadores, funcionarios públicos), hoy viven a cuerpo de Rey en las mejores zonas exclusivas de la capital y además se preparan para ocupar nuevas posiciones en el gobierno de la Cuarta Transformación que pretende seguir con ese mismo proyecto político. En fin, en fin. (unomasmega@gmail.com)

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