A grandes retos, grandes estrategas

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Basta con pasar la mirada por la prensa diaria para comprender la temeraria encrucijada por la que atraviesa el México de nuestros días.

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) tiene bloqueadas las vías ferroviarias de Michoacán, cuenta con varias alcaldías invadidas y, por si fuera poco, se ha negado a que los supuestos maestros que la integran, feroces defensores de la ignorancia, vuelvan a sus escuelas mientras los alumnos se encuentran abandonados a su suerte. Dime qué maestros tienes y te diré en qué país vives.

López Obrador jamás tuvo que haber trabado una alianza con la mafia de presuntos profesores que secuestraron al gobierno fallido de Peña Nieto, quien para tratar de liberar a la nación de dichos extorsionadores, decidió llenarles los bolsillos de dinero, como si los saboteadores del presente y del futuro de México cancelarían sus desmanes con esta estrategia suicida, cuando el único interés es lucrar con el ahorro de los mexicanos y entrar al comercio ilegal de armas con objetivos que cualquiera podría imaginar. Era claro que al haber descubierto el camino para hacerse de abundantísimos recursos ilícitos pagados por sus cómplices del Gobierno, más dinero exigirían para materializar sus objetivos. De la evidente incapacidad estratégica de las administraciones que antecedieron a AMLO para enfrentar a estos delincuentes, la CNTE se envalentonó hasta exigir condiciones inaceptables.

La coordinadora exige 5,000 millones de pesos derivados de prestaciones, bonos, nómina de normalistas de cinco generaciones distintas de jubilados, entre otras solicitudes. En su pliego petitorio, omitieron un punto: no liberarían las vías férreas salvo que Trump los indemnizara con 100,000 millones de dólares por el despojo que vivimos a raíz de la guerra contra EU a mediados del siglo XIX. O nos devuelven Tejas, con jota, o no liberarán dichas vías. También cabría exigir a la monarquía española una compensación por el asesinato de Moctezuma Xocoyotzin y de Cuauhtémoc durante la llamada Conquista de México.

Dicho sea con la debida seriedad, el Gobierno de la República se está encaminando a un callejón sin salida si no decide enfrentar de una buena vez por todas y para siempre esta facción sindical decidida a chantajearlo y a seguir recibiendo gigantescas cantidades de dinero a cargo de los contribuyentes mexicanos.

En un ambiente en el que se invita a no trabajar, como lo hace López Obrador al regalar dinero público a diferentes sectores de la población, entre ellos, a los huachicoleros, ladrones del patrimonio público, los secuestradores de las vías férreas también insisten en obtener ganancias indebidas a cargo del patrimonio de México. ¿Quién trabaja en este país? ¿Cuántos pagamos impuestos para garantizar la seguridad pública sin recibir la debida contraprestación? ¿Dialogar? Bien, solo que al secuestrar las vías férreas se impide el abasto de partes y de materias primas indispensables para el desarrollo de nuestras empresas, que empiezan a incumplir sus pedidos con sus clientes ante la imposibilidad de concluir el proceso industrial. Se está estrangulando el desarrollo económico de México, ya que dichos maestros amenazan con expandir su movimiento con el pretexto de satisfacer sus impresentables demandas. Si la autoridad no ejerce oportunamente el monopolio de la fuerza pública, los demandantes ocuparán carreteras, bloquearán ciudades, cancelarán las salidas de las refinerías hasta lograr sus propósitos. Si, por el contrario, AMLO actúa para imponer el orden mediante gases lacrimógenos, balas de goma y chorros de agua, entonces la coordinadora llamará a filas, no solo a los suyos, sino a todos los maestros del país, al igual que a sindicatos y agrupaciones decididas a defender los intereses gremiales.

Atacar a los invasores de las vías de comunicación equivale a agitar el avispero, pero no hacerlo equivale también a agitar el avispero. ¿Habrán muerto de repente todos los políticos mexicanos, los geniales estrategas, capaces de enfrentar esta problemática? ¿Cómo liberar al país de sus siniestros secuestradores? Lo primero que vino a mi mente fueron las sabias palabras de Alejandro Martí, que deberían colocarse con letras de oro en el “H” Congreso de la Unión: “Si no pueden, renuncien”. Yo diría: si tampoco pueden, renuncien, pero ya, antes de que el país se deshaga como papel mojado.

¿Más encrucijadas? No ha quedado resuelto el problema del abasto de gasolina. Las pérdidas por este concepto suman miles de millones de pesos. La refinería de Salamanca está detenida por las ineficiencias burocráticas. 30,000 obreros iniciaron un paro indefinido en 42 de las 96 maquiladoras en Matamoros, Tamaulipas, al exigir un moderado incremento salarial de 100 % y que sus bonos se eleven a 1000 %. ¿Qué tal? ¿De dónde sale la mano que mueve esta cuna en la que duerme el diablo? ¿Son nuevos enemigos enmascarados que también quieren la ruina de México? ¿Y la nueva invasión de hondureños cuando en diciembre pasado se perdieron 145,000 empleos en México? ¿Y una Tijuana invadida por inmigrantes y sin recursos públicos para atenderlos? ¿Y el desplome al 1 % de crecimiento económico para 2019, según Bank of America? ¿Y el NAIM detenido irracionalmente y con una deuda impagable? ¿Y la factura que no tardará en mandarnos el monstruo del norte por no habernos plegado a su decisión de bloquear a Venezuela para derrocar al tirano? ¿Qué tal el resurgimiento del movimiento zapatista, cuyos militantes aparecen perfectamente uniformados y armados a saber por quién y con qué objetivos para impedir la construcción del tren maya?

Hay muchos fierros en el fuego. El país está en grave riesgo, sin embargo, un gobierno providencial mesiánico, apartado de la realidad, pretende resolver los problemas que enfrentamos con invitaciones místicas insertas en el contexto ridículo de una constitución moral. ¿Y la ley? ¿Y el monopolio de la fuerza? ¿Y el Estado de derecho?

 

 

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