Abrir o no abrir, esa es la cuestión

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Los gobiernos de los tres niveles y de todos los partidos políticos se sometieron a la gran cuestión después de tres meses de aislamiento social y cierre obligado de negocios no esenciales, ¿abrir o no abrir? Se decidieron por la apertura con una serie de protocolos de sanidad que no obstante habrá quienes no cumplan por el nivel de necedad que mucha gente tiene y que manifiesta con una serie de excusas.

El cierre de actividades que se dio a partir de mediados de marzo a causa de la pandemia de la enfermedad infecciosa del COVID-19, tiene repercusiones todavía no dimensionadas en su totalidad, porque la apertura de actividades en “la nueva normalidad” se da con todo un incremento de nuevos contagios y de fallecidos, y en el que prácticamente hay un “sálvese quien pueda”.

 

En México en general y en Guerrero en lo particular entramos a “la nueva normalidad” con prácticas culturales y tradiciones que no lo sabíamos pero que son nocivas y pueden llegar a ser letales. Unas de estas atribuibles al Estado mexicano, pero muchas de ellas al comportamiento de los mexicanos que nos colocan en riesgo de muerte.

 

Durante muchos años hemos sabido que el Estado mexicano brinda un servicio de salud eficiente, y al respecto, mucha gente tiene una historia que contar.

 

Pero también la negligencia con que actúan muchos de los ciudadanos contribuye al riesgo personal. Algunas de estas habían sido inofensivas, pero ahora no.

 

Por ejemplo, ante la cercanía de las inscripciones escolares, en las que se solicitan las actas de nacimiento actualizadas –que la última actualización sería del 2013–, serían de hace siete años, y en ese periodo de tiempo los que van a entrar en la licenciatura tendrían que haber pasado por la secundaria y la preparatoria; quienes vayan a entrar a la preparatoria tuvieron que pasar por la secundaria. Es decir, en procesos administrativos en los que se le solicitaron casi los mismos documentos que ahora, pero que no tienen la actualizada por diversas razones.

 

Esto es apenas un apunte de todo aquello que en nuestra costumbre de procrastinar, es decir, de aquello que dejamos para después, nos llevan a las aglomeraciones que ahora se tienen en las oficinas de Registro Civil. Muy ahora de que se tienen que evitar las aglomeraciones, ¿es responsabilidad de las oficinas de Registro Civil que el ciudadano no haya solicitado antes, en los seis años anteriores un acta actualizada?

 

A estas prácticas y comportamientos se le añade la imposibilidad de generar soluciones a largo plazo a problemas cíclicos, porque eso corresponde tanto a los ciudadanos de prever la obtención de los documentos como a las instituciones educativas y gubernamentales para atender de alguna forma esta problemática.

 

Así las cosas, el gobierno no facilitó la apertura de algunas actividades porque la situación de emergencia de la pandemia haya concluido, sino porque los tres meses de aislamiento social y cierre de la mayor parte de las actividades económicas amenazan con una crisis de otro tipo, aunado a la que hay de salud y fallecimientos.

 

En esta apertura hay protocolos que algunas personas se niegan a cumplir, aunque se trate de nuevas reglas de etiquetas y cortesías, porque están más dispuestos a ofenderse que a cumplir.

 

Cuando se plantea la cuestión de abrir o no abrir, los gobiernos de los tres niveles tuvieron que sopesar las presiones de las grandes, medianas y pequeñas empresas, porque además de que se estaban lesionando sus ingresos tenían que resolver los egresos, como rentas, salarios y pagos de servicios, como agua y luz eléctrica, por ejemplo, que aunque no lo crea no se dejaron de requerir.

 

Ahora la cuestión está en la decisión de los ciudadanos, protegerse o no, y en esto también se tiene que sopesar si hay dinero para solventar los requerimientos propios de la enfermedad o se tiene que ir a hospitales públicos que están saturados…

 

El gobierno ya resolvió la cuestión del abrir o no abrir. Ahora nos toca a nosotros decidir cuidarnos o no.

 

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