Acapulco y su época de oro cinematográfico

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Este desino de playa ha sido el escenario de grandes producciones nacionales y extranjeras


ACAPULCO.- Acapulco vivió su época dorada de los 50 hasta mediados de los 70, para luego dar paso a la industria cinematográfica que pensó en Acapulco como el set idóneo para las películas más taquilleras del momento.

Fueron los actores y cineastas estadounidenses los que vinieron a encarecer buena parte del puerto, pero también los que llegaron a mostrar cómo hacer dinero con el paisaje natural, lleno de chicas en bikini y tipos musculosos.

La primera gran producción internacional que se grabó en Acapulco fue la cinta de cine negro del gran Orson Welles, La dama de Shangai (1947), historia en la que un marinero irlandés, interpretado por el mismo Welles, trabaja recio en un yate (sí, un gringo chambeador invade Acapulco), a las órdenes de un inválido casado con una mujer seductora hasta la punta del popote del coco con ginebra, quedando atrapado en una patética maraña de intrigas y asesinatos.

De a poco, Acapulco se transformó en un lugar lleno de bloqueos con camionetas, cables, cámaras y luces durante el día, y en un antro farandulero por la noche, el cual fue la delicia festiva del Jetset de la época.

En el 48 se graba la aventura de Tarzán y las sirenas, la cual inmortalizó de forma definitiva los clavados machines en la Quebrada, de Robert Florey, y Fun in Acapulco en 1963, taquillazo estelarizado por el mismísimo Rey, Elvis Presley, que aunque la gente con mejor memoria del puerto asegura haberlo visto en la playa, se dice que irónicamente todo fue grabado en set con un montaje posterior.

Quizás la que demuestra un Acapulco más “real”, por decirlo de alguna manera es El bolero de Raquel, estelarizada por Cantinflas y dirigida por Manuel M. Delgado en 1957.

Por su parte, Tin Tan, aficionado a los yates y al sol guerrerense, fue el actor mexicano que quizá más vuelo se haya dado con Acapulco. Ahí rodó Simbad el mareado (1950), El cofre del pirata (1958), El tesoro del Rey Salomón (1962), Tintansón Crusoe (1964), Caín, Abel y el otro (1970, cotorrísima comedia con Enrique Guzmán, César Costa y Alberto Vázquez), Acapulco 12 22 (1971), y Capitán Mantarraya (1969), cinta que además dirigió el buen Germán Valdez.

Estamos hablando de más de 200 películas filmadas en el puerto, ninguna que haya hablado de su realidad directamente y que la gran mayoría de estas cintas han pasado al olvido. Tan rico que es echar el coctel y ver pompis asoleándose.

Al puerto guerrerense le ha tocado jugar de actor también. En el plan Hollywood, Acapulco ha sido un Vietnam falso en Rambo: First Blood Part II (1985), estelarizada por el infame y célebre Sylvester Stallone; ha funcionado como Viña del Mar, Chile, en Missing (1982), protagonizada con Jack Lemmon y Sissy Spacek, dirigida por el gran director franco-griego Costa-Gavras. Pero sin duda, la actuación más memorable de Acapulquirri es la ficticia república bananera de Isthmus en James Bond: Licence to Kill de 1989, interpretada por Timothy Dalton. Esa quizás fue la última vez que Acapulco fungió con decoro cinematográfico.

Tanto ha dado Acapulco a la industria cinematográfica, que los esfuerzos por levantarla al respecto no han sido pocos, muestra de ellos son las películas filmadas en las últimas dos décadas como Por la libre (2000) de Juan Carlos de Llaca, Drama/Mex (2006) de Gerardo Naranjo, Vuelve a la vida (2010) de Carlos Hagerman, o las más recientes, No se aceptan devoluciones (2013) de Eugenio Derbez y ¿Qué culpa tiene el niño? de Gustavo Loza.

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