Acapulco y COVID-19, entre preocupados y despreocupados

Acapulco y COVID-19, entre preocupados y despreocupados

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A pesar de las noticias diarias de que los hospitales en Acapulco se encuentran al límite de sus capacidades, según la fuente que informe, porque en los nosocomios colocan información afuera de las instalaciones de que no hay lugares, y el Gobierno del Estado afirma que todavía no colapsan y el Gobierno federal dice que se abrirán nuevos espacios con la reconversión, todavía hay en la población una parte que no cree y que por eso mismo no toma los cuidados necesarios para protegerse de contagios.

Los operativos que se han realizado para la dispersión de personas que acuden a bares, canchas deportivas, a fiestas, es decir, a actividades no esenciales, es muy alta; aunado a aquellos que tienen que decidir el salir a la calle porque ahí está su pan diario, y esta gente crea o no en la existencia de la enfermedad infecciosa del coronavirus (COVID- 19), tiene que salir porque no tiene otra opción.

La pandemia del coronavirus vino a hacer manifiestos problemas que no se habían atendido en años, tanto en la ciudad como en el estado, la ocupación y el empleo, y que ahora son los detonantes de preocupación para acatar la idea del quédate en casa.

En un reciente texto, “Al sur de la cuarentena”, incluido en “La cruel pedagogía del virus”, hecho público en Internet, el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos señala a los grupos vulnerables que tienen esa condición desde antes de la cuarentena y se agrava con ella, entre este sector social coloca a los vendedores ambulantes, pero también a aquellos que viven en el sector terciario, es decir, el de los servicios.

Gracias a estas dos actividades económicas primordiales de Acapulco es que se explica que todavía haya movilidad urbana en la ciudad. Estas actividades económicas, el sector informal y el de servicios, son las principales causas de la preocupación sobre el presente y el futuro.

El Inegi define como población ocupada informal y que abarca el sector informal, el trabajo doméstico remunerado de los hogares, trabajo agropecuario no protegido y trabajadores subordinados que aunque trabajan en unidades económicas formales, lo hacen en modalidades fuera de la seguridad social. En Acapulco, además de este problema, existe el otro por la vocación turística de la ciudad, porque la población económicamente activa se encuentra inscrita en el sector terciario.

De acuerdo a la información del Inegi del primer trimestre del 2020 en Guerrero la población que se encuentra en la informalidad laboral es del 63 por ciento, mientras que la Secretaría del Trabajo y Previsión Social informa que de la Población Económicamente Activa de un millón 537 mil 120 que están ocupados, 538 mil 96 trabajan por su cuenta y 160 mil 672 no reciben pago, que sumados son 698 mil 768; frente a 767 mil 630 trabajadores que sí perciben un salario. Estas cifras nos dan cuenta de la magnitud del problema, porque aun cuando sean cifras estatales, es en las grandes ciudades donde se concentran los problemas, como en este caso Acapulco.

En su referencia a los vendedores ambulantes, Boaventura de Sousa señala que para estos es el “negocio”, su subsistencia depende exclusivamente de la calle, de quien pase por ella y su decisión de detenerse a comprarle algo, por lo cual el aislamiento social significa que no tendrán dinero para alimentarse mucho menos para atenderse. Para este grupo social de personas sin salarios, víctimas de una exclusión social estructural, porque no se han incorporado a un empleo formal, en un estado en el que no hay esa oportunidad, exigirles el aislamiento es condenarlos también a pasar hambres.

Sin embargo, estos son apenas un grupo social, que no tiene muchas opciones para quedarse en casa, por el otro lado, están los incrédulos e irresponsables que están saliendo y a los cuales se les tienen que dispersar por medio de los operativos. Esos entran en el nivel de la terquedad humana.

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