Acuerdo político

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Científicamente es muy difícil demostrar en un proceso electoral (por la participación social) la existencia de acuerdos políticos entre actores principalísimos. En concreto, presidente y gobernador.

Solo un seguimiento exageradamente puntual de las actividades de ese tipo de actores arroja algunas luces de ese tipo de relaciones.

En 2016 el Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Guerrero me publicó un ensayo sobre la alternancia política en Guerrero de 2005.

En ese trabajo descubro dos acontecimientos que indican una clara inclinación al cambio político.

Con la instauración de un árbitro electoral (1990) llamado Instituto Federal Electoral (hoy Instituto Nacional Electoral), en el PRD a partir de 1993 se va ofreciendo un crecimiento paulatino hacia las siglas negro amarilla. Hasta que…

En 2005 el PRD gana la gubernatura y en 2008 empata la legislatura con el PRI. Beneficio que recaerá en Morena en 2018 –esto último ya no forma parte de aquel estudio-.

La población guerrerense poco a poco se va inclinando por una fuerza alejada del PRI y cercana a lo que se conoce como izquierda.

El segundo acotecimiento lo encontré en una migración intermitente del gabinete del gobernador priista René Juárez Cisneros hacia la campaña a favor del PRD. Se fue fortaleciendo cuando se conoce que el candidato sería Zeferino Torreblanca Galindo.

Funcionarios de segundo y tercer nivel, cada mes una o dos personas, se fueron a apoyar al PRD. El último en incorporarse al zeferinismo fue el coordinador de asesores de Juárez Cisneros, Héctor Manuel Popopoca Boone.

Quien apuntala el acuerdo político del, entonces, gobernador Juárez Cisneros con la alternancia representada por Zeferino Torreblanca Galindo, es el mismo candidato a gobernador en ese 2005, Héctor Astudillo Flores, cuando declara a la prensa estatal en periodo de campaña “que no tuvo el apoyo del Poder Ejecutivo estatal”. Ya había compromisos.

La disputa real de la política es la administración de los recursos, tanto de los que dejan los impuestos como de las negociaciones con empresarios privados y extranjeros, principalmente con las obras públicas.

Las campañas políticas no están exentas del apoyo con recursos económicos. Todos los partidos, sin excepción, entregan dádivas.

En este proceso electoral los de un partido tuvieron la mejor estrategia de detener a los brigadistas del otro; este partido no creó su brigada de cazamapaches electorales. En redes sociales se observaron videos de compra de votos por, insisto, todos los participantes.

En este renglón, desde el poder político más importante, se entregaron recursos para que ganara su partido. En días o tal vez horas, el candidato que perdió va a dar signos de que no hubo apoyo económico ni a su partido ni a la campaña.

Para quienes hacen política no es nada extraño, porque se deduce hubo acuerdo, que los espacios claramente muy cercanos a quien es el mandatario estatal haya ganado en comparación con la enorme pérdida en otros lugares. En estos sitios o pusieron a alguien débil o que tampoco recibió los apoyos necesarios para distribuir.

La política es sinónimo de dinero.

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