Adiós Trump, bienvenida democracia

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En el año 2018 Steven Levitsky y Daniel Ziblatt publicaron el libro “Cómo mueren las democracias”, que se convirtió en un best seller de ciencia política, de alguna manera continuidad del clásico publicado por Juan Linz “El quiebre de las democracias”, publicado en 1978. En el análisis del texto de Levtisky y Ziblatt la preocupación es cómo un personaje como Donald Trump, con notorios rasgos de autoritarismo, xenofobia, con posturas simplistas y agresivas, con poco respeto por las reglas democráticas, a los adversarios y con espíritu de polarización.

En la introducción del estudio los autores señalan: “Las democracias pueden fracasar a manos no ya de generales, sino de líderes electos, de presidentes o primeros ministros que subvierten el proceso mismo que los condujo al poder”. Ahora mismo que ya se conocieron los resultados que les dan 290 votos electorales al candidato Joe Biden y 214 a Donald Trump, el presidente que intentó reelegirse demostró ser un mal perdedor al señalar que impugnará el proceso.

Muchos de los mensajes en Twitter de Donald Trump en torno al proceso electoral han sido eliminados por considerarse que son aseveraciones falsas; los medios de comunicación estadounidenses también suspendieron la transmisión en vivo en el que descalificaba el proceso en el que iba perdiendo. Es curioso, pero tanto la red como los medios de comunicación, como la radio, televisión, prensa y agencias informativas a los alegatos de Trump en torno a los comicios le han agregado la etiqueta: “Acusó de fraude sin presentar pruebas”.

Son los medios quienes están asumiendo un papel que Levitsky y Ziblatt otorgan a los partidos políticos y a sus líderes “cribar a las personas autoritarias y dejarlas fuera” del juego democrático, esto es aislar y distanciar a las fuerzas extremistas del juego democrático porque llegado el momento, sí asumen el poder, subvertirán las reglas democráticas para instalar un sistema autoritario.

Los autores citan el trabajo de Linz cuando señala que debe ser motivo de preocupación cuando un político 1) rechaza, ya sea de palabra o mediante acciones, las reglas democráticas del juego, 2) niega la legitimidad de sus oponentes, 3) tolera o alienta la violencia o 4) indica su voluntad de restringir las libertades civiles de sus opositores, incluidos los medios de comunicación.

El hecho de que el presidente en funciones de Estados Unidos alegue fraude en el proceso electoral en el que participó para reelegirse es la continuación de su carácter autoritario que se percibió desde la primera elección, junto con otras expresiones que alimentaron la polarización del país tratando como enemigos a los que no piensan como él; esto son los peligros que se enfrenta una democracia consolidada como la estadounidense que junto a otras sus problemas postelectorales son más espaciados que otras. La última tensión poselectoral ocurrió hace veinte años, cuando en el 2000 compitieron Al Gore contra George Bush y en un mes de retraso del cómputo de los votos en el estado de Florida, no llegó a la amenaza de crisis que tuvo ahora el proceso.

Ahora los resultados de los comicios dan el adiós a Donald Trump como líder autoritario y dan la bienvenida a la democracia de nuevo a Estados Unidos.
En “El Federalista”, el célebre libro de los padres fundadores de Estados Unidos, Alexander Hamilton señala: “… hemos visto hombres sabios y buenos tomar posturas tanto correctas como equivocadas respecto a preguntas de importancia fundamental para la sociedad. Este hecho, si es tomado en serio, entregaría una lección de moderación a aquellos que siempre están convencidos de estar en lo correcto en cualquier controversia… Porque en la política, así como en la religión, es igualmente absurdo buscar el favor de otros mediante el fuego y la espada.

Las herejías, en ambos casos, rara vez son curadas mediante la persecución”.

Estas palabras refieren la necesidad del respeto por los adversarios en política, escritas por los padres fundadores en un texto que es referencia en la mayor parte de las constituciones y manifiestos de liberación de muchos países. Algo que se había olvidado en el país donde se escribieron.

Así que adiós Trump y bienvenida democracia.

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