¡Adiós Trump! ¡Bienvenido Biden!

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Tal y como concluyen diversas películas del género de ficción, me propongo exhibir en este breve espacio, algunos aspectos de la personalidad de Donald Trump con la siguiente aclaración rutinaria colocada al final de una cinta cómica: “Cualquier semejanza o similitud con otros personajes de la vida real es pura casualidad, solo los hechos son ciertos…”. Dicho sea en términos eufemísticos: no se vale comparar…

Trump siempre exhibió un insistente desprecio por la verdad, tan es así que desde su llegada a la Casa Blanca, The Washington Post registró 22,247 declaraciones falsas o engañosas. El presidente de los Estados Unidos, sin ser el Jefe de Estado de un país bananero, inventa “sus realidades” y todavía espera y en ocasiones con gran éxito, que sus afirmaciones sean consideradas como verdades absolutas. Sin embargo, sus reiterados embustes no disminuyen su enorme popularidad ni su fortaleza electoral.

Trump cuenta con el apoyo de enormes grupos de personas ingenuas, esperanzadas en un mejor porvenir material como si se tratara de un voto de fe cuasi religioso, por lo que dichos electores no harán el menor esfuerzo por descubrir la verdad y acusarán de mentirosos a quienes intenten destruir la imagen de un guía espiritual infalible.

Trump no conoce la vergüenza ni le preocupa el ridículo ni tiene el menor sentido del honor, por lo que defiende con más mentiras su posición utilizando inflexiones de voz como un soberbio actor que siempre desempeña el papel de víctima para lucrar políticamente con sus seguidores. Por supuesto que continuará alegando que los demócratas le robaron la elección, que manipularon el voto por correo, que lo acontecido fue una patraña cometida en el seno de la primera potencia democrática del mundo, un hurto sin precedentes en la historia electoral de su país, así como continuará dando un número indefinido de explicaciones ingrávidas por no haber presentado sus declaraciones fiscales. Sabe que sus justificaciones son falsas e hipócritas y que estas chocan con sus supuestas convicciones religiosas. Imposible olvidar cuando le preguntaron, en su carácter de cristiano, si le había pedido perdón a Dios, a lo que él contestó que “no tendría por qué hacerlo…”. Sin embargo, en su libro “Think Big”, hace profundo hincapié en la importancia de la venganza, un sentimiento anticristiano por definición. Es evidente que no le teme a la justicia ni a la ira de Dios, en el que dice creer… Suena familiar, ¿no?

Después de la larga carrera política de Biden y de las terribles tragedias familiares que ha padecido en su vida, el nuevo presidente ha demostrado ser un hombre sensato, digno, dueño de un temperamento controlado, cálido y comprensivo, pero no por ello dejará de tomar decisiones radicales, según aducen los integrantes de su equipo cercano. Logrará rápidamente la reconstrucción de la imagen internacional de los Estados Unidos y reordenará las relaciones con su temerario vecino del sur, sin que su política hacia México pueda capitalizarla electoralmente López Obrador al adoptar una posición de víctima, de modo que pudiera alegar violaciones a la soberanía de México, con lo que podría despertar la animosidad antinorteamericana de ciertos sectores populares mexicanos, con tal de ganar en las elecciones intermedias de junio.

AMLO empezará, sin expertos diplomáticos, una relación con Biden desde menos cero, sin perder de vista que el tabasqueño ha despreciado al nuevo presidente de Estados Unidos en repetidas ocasiones. Ya veremos el papel que adoptará Antony Blinken, nuevo secretario de Estado, conocido centrista con cierta vena intervencionista, en relación a México, de la misma manera en que el nombramiento del nuevo embajador que envíe la Casa Blanca a México será otra señal para conocer el tono y destino de las relaciones bilaterales.

Trump se fue. Esperemos que la nueva administración demócrata no inicie su gestión con represalias en contra de nuestro país por las indigeribles decisiones tomadas por AMLO en contra del arribo de Biden al máximo poder mundial. La agenda bilateral es, de suyo, complicada.

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