Aeropuerto

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La cancelación del aeropuerto de Ciudad de México fue una decisión que dañó la relación política con inversionistas nacionales y extranjeros. La inversión a futuro era multimillonaria y esa construcción colocaba al país; se ofrecía como un espacio para disfrute del turismo internacional. El actual aeropuerto ya era insuficiente; el mandatario tomó la medida de suprimirlo. Y esto complicó el flujo de inversión universal; vieron con desconfianza al presidente mexicano.

La ausencia de dinero extranjero puso en evidencia que las finanzas nacionales no son suficientes para el crecimiento económico. Si se añade que la relación con empresarios nacionales ha sido ríspida, nos da como resultado una recesión y estancamiento económico del país. El presidente repite en sus mañaneras que “nadie se ponga nervioso y tampoco se preocupe” porque todo está bien.

Sin embargo, la OCDE, el FMI y diversas casas de evaluación económica, hasta el Banco de México, sostienen que el crecimiento nacional puede ser de cero o incluso menos cero durante 2020. Parece que el punto a discusión en la relación política y económica con inversionistas fue el Aeropuerto Internacional de Ciudad de México. El presidente tomó el “toro por los cuernos” y decidió contratar los servicios de una consejería francesa; un punto de vista imparcial y profesional. Y mencionó que la conclusión la tomaría en cuenta.

Ya determinó que el aeropuerto de Santa Lucía y el de Toluca son insuficientes para solucionar el tráfico aéreo. Que debe contemplarse el Aeropuerto Internacional, el que canceló. Ya está la resolución; ahora falta la decisión política, la que podría reparar la relación con inversionistas extranjeros. Habría que esperar qué determina el presidente.

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