Agua

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Se estimó que el agua dulce iba a ser el líquido en disputa por los habitantes del planeta llamado Tierra. Los cálculos informaron que apenas el dos por ciento era de esa calidad y el resto, agua salada.

 

Con la deforestación y la pavimentación de suelos se estaba interfiriendo en el ciclo vapor-lluvia-agua dulce; nos dibujaron un ecocidio. En estos meses se han presentado dos fenómenos: uno natural, como son ciclones y huracanes, y el otro, un virus elaborado por el mismo hombre. Algunos se inclinan a pensar que la intensidad de huracanes y ciclones se debe al cambio climático y la intervención del hombre. La historia registra una inundación hace aproximadamente 500 años aquí, en México. El poder era de los españoles y la lluvia inundó la ciudad de Tenochtitlán. Fue tal la cantidad de agua que a una zona se le llamó la Perrera; era un sitio alto y allí se salvaron de ser ahogados cientos de animales de esa especie.

 

Es decir, que las lluvias en el lago de Texcoco han sucedido desde tiempos inmemoriales y con demasiada intensidad; hasta la fecha se inunda la Ciudad de México. Con este registro, aticemos, nunca dejaremos de tener agua dulce. Y el virus vino a decrecer la cantidad de humanos. El agua será suficiente; el problema es la distribución. En Chilpancingo, el presidente municipal Antonio Gaspar Beltrán ha dejado de pagar salarios a los encargados de la distribución. Ahorita no hay agua en la capital.

 

El presidente canaliza agua hacia Estados Unidos porque es su aliado. Prefiere una alianza con el gobierno más poderoso y se las quita a los lugareños. En Acapulco tampoco se distribuye el agua a los colonos.  En el puerto se presume un aparato administrativo obeso, ya que cada administración política envía a sus allegados a esa paramunicipal. Agua sí hay; está ausente una buena administración.

 

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