Aguja y vacuna

Aguja y vacuna

Comparte con tus amigos










Submit

¿Cómo debe sentirse cualquier persona? Lo pregunto porque nos encontramos en medio de un ambiente de guerra. Confinados. Sin estertores. Solo vemos caer a las víctimas. A los contagiados. Por fortuna ya está circulando la vacuna, la salvación de la actual pandemia. Y, los creadores de ese virus lo combaten con mutante del mismo mal. El pleito, como cualquier guerra, es entre grupos económicamente poderosos. Los actuales multimillonarios frente a quienes hoy poseen la nueva tecnología.

En México nos siguen vendiendo “la esperanza” que, desde el punto de vista psicológico, es una buena respuesta porque va directamente a la mente. La que se dice todo lo puede. Sin embargo, la realidad es otra. Ocupamos un detestable segundo lugar a nivel mundial por decesos en el actual momento. Y aún así no se envía el mensaje claro, desde el púlpito mayor en política, del uso de cubrebocas. Se dice que ya llegaron millones de vacunas. Tal y como lo dijeron con las primeras que ni alcanzaron para el sector salud que labora contra el virus. Es aquí donde entra la ilusión. La mentira, pues.

Y para que esa mentira se convierta en verdad se apega al librito de la aguja, la que penetra en las mentes con la repetición y la misma frase. Es decir, di una mentira mil veces que se convertirá en verdad. Y esa verdad requiere de gente que carezca de criterio individual. La otra interrogantes es ¿el mexicano no tiene sabiduría? Y la respuesta es no. Y si la tiene es por su experiencia, la cual no le alcanza para observar el futuro. Desgraciadamente vive de su pasado individual, ni siquiera colectivo. El otro parámetro para discernir es la lectura. Leer diversos textos, los que conforman diferentes puntos de vista. Los cuales están considerados, incluso, en la Biblia con el libre albedrío.

Pensar diferente es digno de cualquier ser humano. Repetir lo que dice o hace otra persona insulta al Homo sapiens; por naturaleza pensamos de manera contraria o por lo menos disímil. No nos han educado para ser un pueblo lector, sino más bien dócil, súbdito. En general un mexicano lee cinco libros, en promedio, al año. En estados como Guerrero, Oaxaca y Chiapas apenas un libro. Ni modo. Tenemos que compararnos. En Europa se lee de 30 a 40 libros anuales. Y no es que sea el viejo continente. No. Es que allá se impuso el hábito de la lectura. Aquí obedecemos a quien se encuentra en el poder. Asunto, este último, no es nuevo. Viene desde el otro régimen. Y como esto es conveniente, por supuesto, no se quiere cambiar. La docilidad es para conservar el poder.

Comparte con tus amigos










Submit