Al término del ciclo escolar

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POR FIN LOS PADRES DE LOS ALUMNOS QUE ESTÁN POR EGRESAR DE LAS DIFERENTES ESCUELAS SECUNDARIAS DE ACAPULCO, tanto públicas como privadas, han llegado a la conclusión en singulares reuniones con autoridades de esas instituciones —en donde hay directores que ya no quieren hacer negocio con las “clausuras”—; que dados los “excelentes resultados” obtenidos por sus hijos en calificaciones sobresalientes de gran notoriedad; gracias desde luego a sus maestros y principalmente a los propios padres; piensan como ricos y justifican que sus vástagos deban recibir la documentación de terminación, precisamente en un lugar costoso, rimbombante, pomposo y de gran lujo y elegancia como en los salones de los grandes hoteles, en el Centro de Convenciones y en “salones exclusivos” que cobran caro, ya que, según concluyeron, cualquier cantidad que desembolsen vale la pena “por el éxito que representa el acontecimiento y el gran estímulo para toda la familia”.

TODOS ESTÁN SEGUROS QUE GASTANDO LOS GRANDES CAPITALES, PREMIAN SU PROPIA ENTEREZA Y LA DE SUS HIJOS. A LOS niños, pantalones y zapatos nuevos; a las niñas, peinados extravagantes, raros pero originales, vestidos caros para el gran lucimiento y como son uniformes, no importa que a algunas les resalte su ridícula figura, con tal que en esa ocasión, salga en la película y en la foto con gran presunción y coqueteo. No todos los días se termina un ciclo escolar, aseguran. Además de que para eso trabajan. Y piensan como ricos, aunque sean pertenecientes a la clase media baja. Tan baja que hasta tienen que empeñar o pedir prestado para lograr que tengan el roce, aunque sea momentáneamente, con el otro extremo de la clase, la media alta que todo lo obtiene en abonos con tal de presumir.

POR OTRA PARTE SE NOTA LA TRISTEZA Y CONFORMISMO EN AQUELLOS PADRES QUE NO HABIENDO HECHO NI SIQUIERA UN elemental esfuerzo en beneficio de sus hijos —siempre quisieron que solo los maestros resolvieran la problemática del aprovechamiento—, lo que les trae un gran complejo de culpa; tienen que lamentar la mediocridad de los resultados escolares de fin de año, ya que —los hijos—, si no son deudores de materias obtuvieron bajísimas calificaciones, al grado que no creen en la conveniencia de efectuar gastos de ningún tipo para la “fiesta de terminación”, que, bien pueden dedicarlo como recurso para fortalecer el aprendizaje de los niños; para seguir consumiendo refrescos y “alimentos” chatarra y prefieren—estos padres— que la carpeta vacía que presumiblemente contiene la documentación sea entregado en sencilla ceremonia en las instalaciones de la propia escuela, para no hacer el ridículo ante la sociedad. ¡LAMENTABLE EL CASO DE ESTOS PADRES ES QUE NO SABEN EN QUÉ PAÍS VIVEN Y QUE NO PIENSAN COMO RICOS, TENIENDO la oportunidad hasta de una buena pose fotográfica para el recuerdo! No importan los resultados escolares, los padres de todas maneras son obligados a pagar determinada cantidad por el alquiler de los grandes locales. La fiesta se hace, porque en eso estriba el negocio de cada escuela, —sobre todo en particulares—, de cada director, que vende además los “pases” extras de entrada, porque los padrinos, la abuela, los tíos y vecinos colados tienen que pagar por presenciar el casi siempre desorganizado acontecimiento. Se aproxima el fin del año escolar, y los padres, antes de interesarse por los resultados del aprovechamiento piensan en la fiesta. ¡Qué bonito! FIN.

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