Alianzas y alianzas, el papel de la oposición

Alianzas y alianzas, el papel de la oposición

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Este martes fueron registradas ante el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Guerrero las alianzas partidistas para la contienda de gobernador de la entidad. Los partidos Revolucionario Institucional y de la Revolución Democrática por un lado, y Morena, el Verde de México junto con el del Trabajo por otro lado. Fue el registro de la coalición entre el PRI y el PRD la que despertó mayor asombro, debido a razones ideológicas pero también se esgrimen argumentos éticos para descalificarla.

Las alianzas políticas ocurren para colocarse en un papel de competitividad, no sólo para competir en las elecciones. Hay algunos partidos que no les interesa, aparentemente más que ser una oposición competitiva sino testimonial y hay otras organizaciones partidistas (como lo fue el PAN durante 50 años) como una oposición leal al sistema político mexicano.

Hasta el martes, que no se conocía el avance real de las pláticas para lograr la coalición partidista entre el PRI y el PRD, no había duda de la poca competitividad electoral que representaba cada uno de los partidos si se presentaban en forma separada en los comicios del 2021. Las ventajas en las preferencias electorales las tenía Morena, sin considerar las encuestas y sólo se observan los últimos resultados de la elección de senador en el 2018, Morena obtuvo 756 mil 961 votos, mientras que el PRI quedó en segunda posición con 362 mil 281 y 356 mil 900 del PRD, y si se suman estos serían 719 mil 181, entre los dos.

Sólo de esta forma podría darse oposición en la contienda del próximo año. En su texto “¿Por qué tomarse la molestia de hacer elecciones? Pequeño manual para entender el funcionamiento de la democracia”, el politólogo Adam Przeworski, señala algo importante “el derecho a oponerse es una conquista. Es frágil y reversible. Además, no todos aquellos que reclaman para sí el derecho a ser oposición toleran que otros lo sean”, esta aseveración manifiesta que quienes sostienen que la alianza entre el PRI y el PRD es antinatura, es ideológicamente cuestionable porque de presentarse por separado serían oposición, pero de ninguna manera competitiva.

Hasta 1988 el Partido Revolucionario Institucional no tuvo partidos de oposición competitivos. Apenas unos triunfos municipales por parte de COCEI en Oaxaca, el PCM en Guerrero o el PAN en Michoacán, uno por municipio; fue a partir de 1989 cuando se comenzaron a perfilar las oposiciones partidistas el PAN en el norte del país y el PRD en el sur; esta competitividad colocó el bipartidismo en ambas regiones.

A partir de 1997 la capacidad competitiva de los partidos de oposición los hizo ganar elecciones municipales, distritales y estatales, hasta llegar a la alternancia, muchas de ellas con alianzas que también han causado estupor ético. En este proceso los únicos que han salido incuestionables son los del Partido Verde Ecologista de México, que lo mismo fueron aliados con el PRI, que con el PAN y ahora lo son de Morena. Y este partido es incuestionable y muy presentable porque siempre hace migas con los ganadores.

Tener una oposición competitiva legitima al sistema político electoral, por el contrario tener partidos que no tienen posibilidad de ganar procesos electorales lo deslegitima. Esa parte es ampliamente conocida en México porque ocurrió durante varios años con el PRI, cuando era el partido hegemónico.

Esta alianza partidista, entre el PRI y el PRD, aunque sea considerada como el agua y el aceite, es una opción para obtener posibilidades, y una gran ventaja en un régimen democrático es que haya expectativas de elegir, entre más de una agrupación con posibilidades de ganar e igual de perder, que para eso son las elecciones.

Echadas las cartas, se perfila un juego más interesante. Pero esto no se termina hasta que se acá y todavía falta mucho por ver.

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