Alternancia

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La alternancia en el poder, ya sea municipal, estatal, presidencial y legislativos es sinónimo de calidad en la cultura política. El concepto calidad indica conocimiento de un tema. Y es aquí donde se presenta la mayor dificultad de la alternancia e incluso del proceso enseñanza aprendizaje en México. De acuerdo al Foro Económico Mundial, México (FEM) ocupa el lugar 100 de 144 en calidad educativa. Es decir, por debajo de la mitad. Al compararlo con países como Chile, Panamá y Brasil nos hallamos debajo de ellos.

 

El mismo estudio de FEM, México está en lugar 71 cuando se mide la disponibilidad de científicos; 49 al saber de instituciones de investigación y 42 en colaboración de universidades con la industria. Es escaso el apoyo a la investigación y casi nula la vinculación universitaria con la iniciativa privada. Esta última podría ser una alianza extraordinaria para obtener mayores recursos y que la investigación pase del discurso a la aplicación.

 

En concreto, no existe investigación mexicana como eje de planificación, salvo excepciones como la UNAM, UAM e IPN. Como tampoco un impulso a la lectura. Y los que dicen que leen, sus textos son de su ideología. Tampoco existe una diversidad de lecturas para obtener un panorama. Bajo lo anterior es difícil hablar de cultura política. Como ya se señala carecemos de un hábito como lectores. Con esa sombra cultural es complejo que se dé una alternancia.

 

Sin embargo, si se plantea que la alternancia sirva, por lo menos, para que se revise la actuación del gobierno anterior, eso nos ayudará para que se castigue a quien hizo malversación de los recursos públicos. El castigo sería regreso del dinero y cárcel a los culpables. Mínimamente así entiendo la alternancia.

 

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