AMLO, Elba, educación

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El calificativo “reformita” de Elba Esther Gordillo sobre la educación es sinónimo de distancia de dos grupos políticos. Muchos dirán que Elba es la corrupción en persona, una cacique o que nada ha realizado en beneficio de la educación y representa los intereses neoliberales; es el guión de los morenistas y seguidores del Poder Ejecutivo federal.

Pero Elba ha aprendido a hacer política y peleará por la dirigencia sindical. Su liberación de la cárcel se percibió como una alianza entre ella y AMLO. Él estaba en campaña y la mayoría de las encuestas lo daban por ganador; ella, detenida en su casa, según enferma. Cuando anuncian su emancipación, de inmediato se reúne con sus bases, recorre algunos estados. Desde entonces, se veía que ya iba a pelear la secretaría general del SNTE.

Por coincidencia, Juan Díaz de la Torre, secretario general del sindicato, renuncia al cargo y se lee que deja el paso a Elba Esther; no hay duda, Elba va por el SNTE. Se observa que había apoyo de AMLO; ella declaraba maravillas de la Cuarta Transformación y se paseaba en busca de soportes por todo el país. El calificativo “reformita” indica un alejamiento; también dice que AMLO carece de palabra.

Ese comportamiento ha sido reiterado, lo han comentado banqueros, empresarios, Ricardo Salinas Pliego y hasta Alfonso Romo. Como dicen casi todos los personajes que han estado en prisión, esos lugares dan tiempo para reflexionar y pensar en todos los escenarios.

Elba Esther, quieran reconocerla o no, está activa en la política y va a dar batalla. Y como hace política, hasta puede ser apuntalada por la oposición de Morena. Así es la política. Por supuesto, nadie toca el tema educativo: los maestros quieren plazas, los administradores regular el dinero y nadie habla de un proyecto.

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