¿Anaya, presidente?

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A VER, A VER… Ricardo Anaya, “el joven maravilla”, casi no veía a José Antonio Meade, menos al “Bronco”, ni a Margarita Zavala. Toda su atención, durante los debates del 2018, estaba centrado en Andrés Manuel, “el mesías tropical”, pues se había enterado que era el verdadero candidato del entonces presidente Peña Nieto. “Me ganó el PRI, no Morena”, reconoció Meade.

Y sí, Anaya exhibió al tabasqueño como ignorante, demagogo, mentiroso y con serias limitaciones, al decirle viejo de ideas. Él se defendía y repetía su cantaleta: “Acabaré con la corrupción”. ¡Ajá, ajá!

En su desesperación porque ya no sentía lo duro sino lo tupido, el macuspano en la lona, apenas alcanzó a balbucear “Ricky, Riquin, Canallin”. ¡No mameyes!, diría mi mucama.

Peroooo, cuando creímos que todo eso era parte de la prehistoria, resulta que en el pecho del Rey de Palacio hay toda una bodega de rencores, envidias, traiciones y venganzas cumplidas.

Lo suyo no es consolidar un gobierno democrático, ni ayudar al bienestar de los mexicanos, sino destruir a sus adversarios y desde luego llevarse entre las patas al país.

Más allá de si hay presuntos delitos del excandidato presidencial panista, Andrés Manuel está usando todo el poder del Estado para aniquilar a sus adversarios políticos. Y todavía se atreve a negarlo, ¿yo por quééé?

Un mandatario demócrata no tiene por qué estar metido en una instancia que no le corresponde. Pero el tabasqueño no se comporta como presidente de todos los mexicanos, menos como demócrata, dice el Jefe Diego.

Y para que no quede duda de quién mece la cuna en la Fiscalía General de la República, lanza una narrativa muy lamentable entendible de un bravucón de barrio, contra un ciudadano incomodo para él. O sea, la investidura presidencial la trae de trapeador.

¿Su rencor es porque le ganó los debates en 2018? Además ¿cuál presunción de inocencia? ¿Cuál debido proceso?

Lo anterior nos recuerda a aquel ataque por la espalda a su compañero de juego quien le ganó en un campo de beisbol tabasqueño. El muchacho quedó en estado vegetativo hasta su muerte. ¡Imagínense!

Hoy, a Ricardo Anaya pretende darle muerte política encarcelándolo hasta por 30 años, según el joven político. ¡Imagínense!

“Perdería mis derechos políticos para competir en 2024”, advierte Anaya, luego de haberse “destapado” como aspirante presidencial, en tiempos en que el Rey de Palacio lanzó a competir al ruedo político a sus vaquillas sagradas.

Emilio Lozoya, exdirector de Pemex, delincuente confeso desde su lujosa residencia y sentado sobre fajos millonarios de billetes, sin ningún rubor lanza calabaza a diestra y siniestra… A petición de parte.

En tanto que los involucrados con los presuntos dineros sucios que manejó Lozoya están riéndose y disfrutando de la Dolce Vita. Léase, Peña Nieto, Videgaray, Osorio Chong, Miguel Barbosa, el Niño Verde, etcétera.

Hay que recordar, como refiere Anaya, en el pasado se tuvieron amargas experiencias de políticos como Benito Juárez, Madero, los hermanos Flores Magón, José Vasconcelos, etcétera, que huyeron del país perseguidos por gobiernos asesinos, pero que por sus convicciones y tenacidad regresaron a México, como ganadores.

No vaya a ser que crezca tanto la figura de “El joven maravilla” allá en el exilio, que regrese directo a sentarse en la silla presidencial. ¡Imagínense!

Mientras que Andrés Manuel López Obrador, podría pasar a la historia como un clon de Victoriano Huerta, enemigo de las libertades y derechos humanos. ¡Imagínense!…

Veremos, veremos, veremos (unomasmega@gmail.com)

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