Año nuevo, nueva década

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El año termina, termina una década y comienza otra. Desde el 2000, el inicio del nuevo milenio, muchas cosas han cambiado en México en todos los ámbitos, en lo social, en lo político, pero sobre todo se ha vivido una verdadera revolución en las tecnologías de la información y comunicación; no obstante, todavía hay quienes viven en el pasado. Jóvenes y viejos viven entre lo viejo y lo moderno.

Durante 70 años, siete décadas, México vivió un sistema autoritario, que si bien no tuvo las características tradicionales de las dictaduras latinoamericanas, un partido hegemónico no permitió el triunfo de otros partidos: una movilización mayoritaria controlada por los diversos sectores del PRI; medios de comunicación controlados en diversas formas por el gobierno, la prensa a través del papel, la televisión y la radio a través de las concesiones; elecciones controladas absolutamente por la Secretaría de Gobernación y en los estados por los secretarios de Gobierno.

Desde la década de los 30 hasta la de los 90, el PRI y sus antecesores diseñaron un modelo para ganar y controlar el poder, cuya formula comenzó a lucir sus desgastes a finales de los 80 y se manifestó con mayor claridad a finales de los 90. Para el 2000 perdió la elección. En veinte años, del 2000 para acá, tres partidos han gobernado el país, el PAN, el PRI y ahora Morena. De mediados de los 90 las elecciones no las controla el gobierno, sino una institución ciudadanizada.

A los medios de comunicación ya no los controla el gobierno, al menos no en la concepción de gobierno que se tenía; porque ya no es un solo partido el que gobierna, por la cohabitación que se da. Por ejemplo, en el 2000 en Acapulco gobernaba un partido, el PRD; en el estado el PRI y en el país el PAN. Del 2008 al 2011 gobernaba Acapulco el PRI, en el estado el PRD y en país el PAN. Ahora lo hace Morena en Acapulco y en el país, mientras que el PRI lo hace a nivel estatal. Los gobernantes han tenido que aprender a vivir entre partidos, los medios de comunicación se han adaptado a esta nueva circunstancia.

Sin embargo, ya no son los medios de comunicación, ni los más grandes ni los más pequeños los que tienen el control de la comunicación. Sino la propia evolución de las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs), el acceso a los dispositivos y a internet, le han retirado a las grandes cadenas el poder que tenían antes, sino es precisamente con información más fidedigna, por la constante difusión de noticias falsas.

El que los medios de comunicación masiva hayan perdido el monopolio de la información no significa que haya sido para mejorar. Pero es aquí donde muchos, tanto jóvenes que no conocieron el carácter autoritario del PRI y los viejos que sí lo conocieron, estén distinguiendo correctamente entre el pasado y el presente. Para ellos muchos medios y periodistas siguen respondiendo al gobierno, y en esa lógica al PRI, o al PRIAN, sin considerar que Morena ya tiene el poder.

En esta misma lógica están pensando el funcionamiento del resto de las instituciones políticas.

Ya no hay una transición política en México, hay una consolidación democrática a partir del establecimiento de la incertidumbre de quién pudiera ganar las próximas elecciones. Esto fue lo que se desprendió la década que termina.

Sin embargo, la consolidación democrática no atrajo una democracia de buena calidad, porque hay muchos pendientes que se han agudizado principalmente a partir de las alternancias de partidos en el poder, y que son asuntos que se agravan como la inseguridad, la violencia y la impunidad.

Termina un año y comienza una década. Lo que está porvenir es un misterio así como el tiempo que va a durar, porque nada es para siempre.

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