Apología antológica de poetas guerrerenses (Parte I)

Apología antológica de poetas guerrerenses (Parte I)

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Uno de los géneros literarios con los que estoy poco o nada identificado es precisamente el de la poesía, con el género lírico; supongo que esta situación me nació desde los albores de mi formación. Me gusta la prosa, que no está sujeta a medida o cadencia determinadas y que toma el lenguaje para expresar los conceptos. Admiro la poesía de los guerrerenses de antaño —consecuentemente no me he interesado en los actuales, entre los que estoy seguro que debe haber intelectuales— que me parecían más eruditos, que podían “jugar” con el lenguaje. Es el caso de Juan García Jiménez y otros paisanos guerrerenses a quienes no conocí en lo personal pero admiro sus escritos, sobre todo porque hacen mención a la forma de expresión de los aborígenes de los pueblos olvidados por políticos de aquí, que han logrado encumbrar a los niveles más elevados del Gobierno en el Estado.

Permítaseme abrir un paréntesis a propósito. Debo decir que hay músicos nativos de la Costa Chica (Xochistlahuaca, Igualapa, Tlacoachistlahuaca, etc.) con creatividad, melodía, ritmo y armonía a quienes por sus condiciones de pobreza no les dan cabida a sus canciones hechas e interpretadas bellamente en su propio dialecto —o debo decir idioma— porque en las estaciones de radio son desplazadas por la estulta e incomprensible música extranjera —y extranjerizante— cuasi música en idioma de otro país, en inglés, pues, que viene a ser considerado por algunos como de elegancia y distinción aunque no entiendan ni jota, pero es parte del negocio enajenar.

Me pesa la ignorancia cuando pretendo hacer meticulosa referencia a los excelsos y próceres poetas guerrerenses de un ayer perdido en los abismos caliginosos del olvido con la retórica sublime, devota y reverente de un Miguel de Unamuno, para quien todo gran orador es ante todo y sobre todo un poeta; y todo poeta es orador aunque sea un orador mudo.

¿Quieres, me dijo la adorada mía, que vaya a la pradera? Voy a traer para adorar tu alcoba una blanca azucena. Y se alejó corriendo como el céfiro que en la llanura juega: deshojando corolas a su paso de nardos y violetas.

Y no volvió jamás la novia mía con la aromada flor de la pradera, pero el sauz que llora sobre el río cuenta que vio pasar la tarde aquella, llevadas por el agua del torrente, dos blancas azucenas. Es la “azucena” del orador mudo: Dr. Alfonso G. Alarcón.

Lamberto Alarcón dijo: “Quisiera amar a todas las mujeres en las diversas formas del amor; amarlas en el rayo de la luna que se cuela a hurtadillas por la oculta rendija de un balcón, y penetrar en la alcoba, silencioso, como ladrón medroso, novato en el oficio, que tiembla de emoción”. “Amarlas en la brisa de los trópicos, cálida y voluptuosa, en un desvaneciente atardecer, para besar sus ojos, para rozar sus cuellos, para ceñir sus talles y acariciar sus senos y alejarme cargado con tibios aromas de su piel”.

Bella poesía inspirada en una diosa. O aquellos versos de “Los naranjos” de Ignacio Manuel Altamirano: “Perdiéronse las nieblas en los picos de la sierra y el sol derrama en la tierra su torrente abrasador y se derriten las perlas del argentado rocío en las adelfas del río y en los naranjos en flor”. Escritos en 1918, los de Fortino Arellano, “Me estoy muriendo”, que rezan: “A cada instante que pasa aumenta mi gravedad y no hay en ninguna casa remedio a mi enfermedad. El doctor muy alarmado me recetó diligente besos de amor a una frente y a unos labios con cuidado”.

O aquel “Toro de once” del mismo prolífico autor, escrita en 1897: “¡Muchachos! ¡Allá viene el toro!, con voz medio adiputada, gritó muy ilustre conscripto que mucho cuida su barba y que se pinta lunares para mayor elegancia. En el instante que el bicho entra corriendo a la valla, lo salen a capotear vestidas de mojigangas, las prefectas con blúmeres, la justicia con enaguas y los huixquixcles también entran alegres y bailan. ¡Ya revolcó a un magistrado! ¡Miren!¡Cómo lo levanta! Y el señor de los lunares ¡ya lo cogió por las nalgas!”. Fin.

 

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