Apología antológica de poetas guerrerenses (Parte II)

Apología antológica de poetas guerrerenses (Parte II)

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¿Y qué me dicen de “lavanderita del río, la de la negra color; cuando cantaba, decía de soledades, tu voz. Una mañana fue a oírte tu mañanera canción; ató su caballo a un árbol y del caballo bajó; en el árbol probó el filo de su machete feroz —sus espuelas relumbraron bajo la hornaza del sol—, se quitó la guayabera empapada de sudor y fue rastreando en el viento las huellas de tu canción”, inspiración de Juan García Jiménez, el poeta de Ometepec que dijo también “quiero ver si doy el ancho”: “¡Güenas tardes, jefecitos! ¡Muy güenas, siñores amos! ¡Aquí me tienen de güelta! ¡Quiero ver si doy el ancho escrebiendo estos cantares que del alma me han brotado! Astedes bien lo ricuerdan que yo soy de los di abajo, que sento las pilas di ansias en contra di aquellos gachos que nos tienen harta tirria y nos miran como esclavos”.

“Astedes bien lo ricuerdan que sento como el di abajo, que al pueblo, porque lo quero, ¡con toda l’alma le canto! Y por eso mesmamente quero ver si doy al clavo, pos como dice aí un dicho de los más cuates del rancho, ¡tanto andar entre las viejas y no saber ni meniarlo!”. Bellísima poesía de corte campirano e indígena del insigne maestro y paisano de quien esto comenta, García Jiménez (hermano de mi inolvidable, recordada con reverencia mística y querida, maestra de mis años primarios: la profa María Eliza Jiménez).

¿Recuerdan ustedes “La potranquita” de don Rubén Mora?: “Yo quise lazar a una linda potranquita ingrata en una noche de luna y por mi mala fortuna se me hizo coca la reata. Lazadores de la pampa la vieron dar la estampida y prendidos de su estampa cerraron con una tranca la vereda de su vida. Potranca de mis amores, que no pude mangonear, porque hubo otros lazadores, que más listos y mejores, me ganaron a lazar. Yo quise ser el primero que te pusiera la silla, pero nunca falta un pero que haga un cuatro tan cuatrero de una cosa tan sencilla”.

¿Cómo olvidar “Canto criollo”, escrito por Rubén Mora y dedicado a la Feria de Chilpancingo en 1939?: “Feria de luz y alegría, morena feria de amor, morena por tu color, morena porque eres mía. De tu boca de sandía, voy a beberme el sabor, que me matan de calor tus ojos de mediodía. […] Ometepec, no sabría soñar un sueño mejor aunque ha sido un soñador de sueños de fantasía. ¡Qué bonito es Chilpancingo cuando sales de paseo! Al bajar de San Mateo la mañana del domingo, hasta el agua de Apancingo se embellece si te veo”. Como lo dije antes, quisiera tener la elocuencia del glorioso Urueta y devastar, como los reyes persas, un jardín de cien mil rosas para tener una onza de esencia como los poetas guerrerenses nos dieron la esencia finísima de sus divinas elocuencias al rezumar las cien mil rosas de sus exquisitos invernaderos como cuidados por las gracias y calentados por los soles de Grecia. Fin.

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