Aprender desde el hogar

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La pandemia obligó a todos a cambiar de estilo de vida, y la manera de concebirla, y al perder a un conocido, solo reafirmamos la fragilidad de la existencia.

 

Porque luego de las cifras de mortalidad y de contagio y la escasez de pruebas y de la imperiosa necesidad de salir aún con las medidas sanitarias, el contagio continúa. El semáforo verde se ha convertido en una ilusión difícil y casi imposible de alcanzar en el corto plazo.

Y como siempre: los ciudadanos tienen la culpa.

 

En el caso de los muertos por las pugnas de los grupos delictivos, la autoridad señalaba que es una reacción por las acciones emprendidas por el gobierno, pero, luego de la detención de algunas figuras políticas encargadas de la seguridad del país, y lo que ocurrió en Iguala, ese discurso ya no es válido.

 

Desde el poder, manejaron el de la revictimización, porque decían es que andaban en malos pasos, por eso les pasó lo que les pasó. El vocero del gobierno perdió legitimidad, el discurso ya no era creíble porque el daño colateral de miles de inocentes era visible.

 

Ahora pasa lo mismo, no se quiere exponer a quienes trabajan como burócratas ni a los millones de estudiantes, pero es curioso, los datos no bajan, al contrario, continúan a la alza los contagios y la pérdida de vidas humanas, cuando se nos había dicho que lo peor ya había pasado y ahora, posiblemente, será la primera semana de octubre cuando se autorice el desconfinamiento.

 

Aunque esta vez la autoridad ha sido más prudente, lo ha dicho entre líneas, de manera subterránea, ya no hay un decreto sino solo una declaración ante los medios.

 

Mientras, el tiempo pasa, las cifras aumentan. Ahora es una actividad esencial, las papelerías, los centros de cómputo y las fotocopiadoras y las librerías porque dentro de un mes se reactivan las actividades escolares vía televisiva o por Internet.

 

La autoridad da por hecho que su modelo va a funcionar, y presume las cuentas de correo electrónico y la capacitación al magisterio, pero no la entrega de herramientas digitales como tabletas o equipos de cómputo.

 

El magisterio no estaba preparado para una pandemia tan larga, están habituados al sistema presencial o semipresencial. Lo que está ocurriendo, visto de otra óptica, es un paro magisterial, y desde ese tenor los afectados son los alumnos, y nadie más, porque no reciben clases con la calidad que se necesita.

 

Y la tarea docente ahora se ha trasladado a los padres de familia, cuando éstos tienen sus propias ocupaciones.

 

Así como al sector salud se le dotó de insumos médicos y equipo a los hospitales, es necesario, a los alumnos, dotarles de las herramientas digitales tan necesarias no por la pandemia sino por la conectividad de la era en la que estamos y donde el conocimiento es accesible para todos, pero las barreras de aprendizaje ahora aumentan, porque se pedirán resultados, pero estos no serán los esperados. Como no lo son los del sector salud, ni los del sistema productivo.

 

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