Apurado

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El presidente municipal de Chilpancingo, Antonio Gaspar Beltrán, al parecer se encuentra en un laberinto.

La herencia de deudas económicas lo tienen destinado a sufrir manifestaciones, paros y tomas del edificio, por lo menos, una vez cada quince días.

La única salida que ha encontrado para suplir ese faltante es el incremento a impuestos, principalmente a los comerciantes. Algunos justificados y otros exagerados. Este sector se encuentra entre dos posiciones a) la autoridad municipal y b) grupos delictivos.

Sus compromisos políticos con personajes del PRD (como Evodio Velázquez) también lo maniatan para realizar sus contrataciones de empleados y así ayudar a sus cuates. En la nómina del actual presidente municipal, a decir de los propios trabajadores del ayuntamiento, se encuentran cientos de acapulqueños de la corriente política de Evodio Velázquez.

Tan apurado se encuentra el presidente Gaspar Beltrán que ha dicho, en reuniones con sus trabajadores, que ha solicitado préstamos bancarios a título personal. En ocasiones logra resolver la situación de pago quincenal, y en otras le pide que “aguanten unos días” porque no ha conseguido otra prestación.

El presidente municipal ya hizo su solicitud ante el gobierno estatal, en términos de que sea un adelanto de 2020; la respuesta fue para todos los presidentes municipales en el sentido de que ni siquiera el gobierno del Estado está garantizando el pago de aguinaldos.

La situación es muy complicada.

Gaspar Beltrán también se ha acercado al gobierno federal y dado su programa de austeridad, nada ha conseguido.

Desesperadamente corrió a 140 policías rurales, con el cual, deduzco, va a conseguir algo de recursos. No es mucho porque un empleado de este rubro percibe entre 5 y 8 mil pesos. Lo que se puede reprobar fue el calificativo que utilizó para estos servidores públicos. Los tachó de aviadores.

Si a esas vamos, entonces tendría que realizar el mismo corte para cientos de sus empleados de confianza, principalmente los que vienen de Acapulco.

La impresión que me deja el desempeño de Antonio Gaspar Beltrán es de un político que se justifica con su discurso, es decir, que promete y no cumple. Y también de que ha llegado a la presidencia a rascar económicamente lo que se pueda para su propio beneficio.

El tiempo dirá que si mi percepción fue engañosa o Gaspar cumple con este pronóstico.

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