¡Aquí entre nos! (Parte uno)

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Se ha probado por medio de los desatinos científicos, contradicciones y evidentes falsedades de las Sagradas Escrituras, que estas son simples historias compuestas por los sacerdotes judíos y cristianos y, por consiguiente, no tienen más valor que las escrituras sagradas de cualquiera otra religión. Bastaría, pues, esta prueba para ocuparnos de las palabras que los escritores de los evangelios ponen en boca de Jesús y por las que aquel hombre bondadoso resultaría inventor del Infierno de los cristianos. Esto, no obstante, lo explicaremos cómo y desde cuándo en esa religión hay Infierno.

Supongamos haber nacido y sido criado en alguno de los países no cristianos y que, habiendo venido a México y deseando enterarnos de la religión de los mexicanos, decidimos leer la Biblia, que es el libro sobre el que está fundada la religión cristiana. Tomas, pues, por primera vez en nuestras manos, la Sagrada Escritura traducida al castellano por el Rdo. P, Scío (tengo en mi biblioteca la Santa Biblia: antiguo y nuevo testamento. Antigua versión de Casiodoro de Reina —1569—, revisada por Cipriano de Valera —1602— y con los textos en hebreo y griego) y comienzas su lectura. Allí encontrarás que el dios de los cristianos se llama Jehová, y es un personaje terrible que anda continuamente incomodado con los hombres que él mismo ha creado, lo cual no deja de ser notable, porque, pudiendo hacerlos buenos a todos y evitarse tantos “disgustos”, prefiere que sean malos con objeto, sin duda, de tener el gusto de castigarlos y, en efecto, allí verás que unas veces ahoga a la humanidad por medio de un diluvio; otras hace llover, no agua, sino fuego, abrasando ciudades con todos sus habitantes; tan pronto tira peñascos desde el cielo aplastando a las gentes, como ordena el degüello de pueblos enteros, hombres, mujeres y niños; como castiga las faltas de los padres en los hijos hasta la cuarta generación (Éxodo 20: 5), como ejecuta mil injusticias y crueldades por el estilo. El dios de los cristianos gobierna por medio del terror, la matanza y el exterminio. El dios Jehová es un individuo sanguinario que se goza en llevar todo a sangre y fuego haciendo perecer a justos y pecadores. De este modo, resulta ser el dios de Israel por varios miles de años, durante los cuales nada absolutamente dice la Escritura de castigos después de la muerte, pues todos se aplican en esta vida.

Continuamos la lectura y llegamos a la parte de la Biblia llamada Nuevo Testamento, que empieza con la vida de Jesucristo, o sea, el Evangelio de San Mateo. Allí encontraremos que el dios de Israel parece ser otro porque, según Jesús, Jehová no solo no quiere degollar, ahogar ni quemar a nadie, sino que “ama a los que le aborrecen y hace bien a los que le hacen mal”. Esto nos deja muy sorprendidos porque todo el que cambia de opinión o de sistema es porque cree que le irá mejor de otra manera o, lo que es lo mismo, cree haberse equivocado; y un dios que cambia de opinión y que, por lo tanto, cree equivocarse, no puede ser dios, admirándonos de que, teniendo o debiendo tener “sentido común”, no se hagan esa reflexión. De pronto, al llegar al capítulo V del citado Evangelio de San Mateo, nos encontraremos con estas palabras de Jesús: “Mas yo os digo que todo aquel que se enoja con su hermano obligado será a juicio; y quien dijere a su hermano ‘raca’ obligado será culpado del consejo, y quien dijera ‘fatuo’ será culpado del infierno del fuego” (Mt 5: 22).

Deseando saber qué es eso de “gehenna del fuego”, que vemos en el evangelio en latín (la biblia de scío está en latín y en castellano y, se ve que dice lo mismo: “Gehenna ignís”. Como en el propio Evangelio Jesús aconseja que se debe volver bien por mal”, suponemos desde luego, que la “Gehenna del fuego” no será cosa desagradable, cuando al llegar al vers. 29 leemos lo siguiente: “Y si tu ojo derecho te sirve de escándalo (codiciar a una mujer), sácalo y échalo de ti ¡porque te conviene perder uno de tus miembros antes que todo tu cuerpo sea arrojado al fuego del infierno”.

Lo primero que se nos ocurre pensar es que Jesús ha sido atacado de enajenación mental, porque solo un loco puede decir que no es el individuo, sino los miembros los que pecan, como si las manos o los ojos tuvieran voluntad propia y fuesen, por lo tanto, responsables de sus acciones, pero no es esa la cuestión, sino que Jesús dice que arrojará al “fuego del Infierno” y, aunque no se sabe todavía lo que es Infierno, deduce que el fuego no sirve para ser arrojado en él ni en invierno ni en verano. Alarmados con esto, vemos en el Evangelio latino y ahí que lo traducido por “fuego del Infierno” es en latín Gehenna. No significando nada en latín esta palabra y siendo la Biblia en latín una traducción de la Biblia en griego, tomamos los evangelios en griego y nuevamente nos encontramos con Gehenna, con lo cual nada adelantamos porque tampoco este vocablo quiere decir cosa alguna en griego, porque no es palabra griega.

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