Austeridad versus corrupción

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La campaña electoral de Andrés Manuel López Obrador se basó principalmente en el discurso en contra de la corrupción gubernamental y postular una política de austeridad que ganó muchos adeptos, tantos que es una de las pocas elecciones presidenciales en que los resultados de la votación no fueron tan apretados como las anteriores, en las que resultaron ganadores por poco margen Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Pero a un año del triunfo y a siete meses de gobierno los beneficios de la austeridad republicana son dudosos y el combate a la corrupción gubernamental son más bien nebulosos.

Hasta el momento la austeridad gubernamental ha significado desempleo y recortes presupuestales para diversos programas y prácticamente no hay sector social productivo que no haya sido afectado, salud, ciencia y deportes, seguridad y medios de comunicación oficiales, han tenido con sus respectivos recortes presupuestales despidos de personal.

Y el presidente todavía amenaza con más recorte de personal en las instancias gubernamentales.

Pronto se recordará que la corrupción generaba empleos y la austeridad y honestidad genera desempleo. De tal manera que la carga negativa y positiva de cada palabra cambiará: Corrupción igual a empleos; honestidad y austeridad igual a desempleo.

El problema es que el destino de los recursos que se ahorran con el desempleo de personal es que se dirige hacia sectores no productivos, es decir, el recurso que se destina no garantiza su reproducción; o como dice el viejo adagio popular “dinero en manos de pobres, pobre dinero”.

Despedir para no pagar y ahorrar; recortar para no hacer ciencia ni investigación, no tener material de salud, y poder ahorrar; ahorrar para entregar dinero a sectores sin considerar en qué se lo van a gastar, es afectar a la población económicamente activa que en algún momento tendrá sus consecuencias negativas.

¿Por qué el gobierno en lugar de entregar el dinero a varios sectores poblacionales no los consideró para generar empleos de medio tiempo?

Apoyar a empresas e industria y con ello a las familias que con menos horas de la jornada laboral puedan contribuir a una mayor convivencia familiar.

Porque en las condiciones actuales un trabajador pasa ocho horas mínimo en sus centros laborales, más dos o cuatro horas de transporte, cuentan de diez a doce horas fuera del hogar y la convivencia familiar es poca o nula.

Es muy poco el tiempo que lleva para juzgar el gobierno completo de Andrés Manuel López Obrador, pero por el que lleva y se avizora con tanto gasto y tanto desempleo y recorte que se han presentado en los últimos meses, no es nada alentador.

Quien sabe, pero al final no se vaya a extrañar más las condiciones de corrupción gubernamental y a desechar y denostar las virtudes de la honestidad y austeridad, que hasta el momento han generado más prejuicios que beneficios.

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