Bonilla y su pandilla

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El artículo 76 de la Constitución Mexicana faculta al Senado de la República a desaparecer los poderes en cualquiera de las entidades del país, ya sea por haberse trastocado el orden constitucional y social, o bien por algún conflicto armado.

Es el caso de la Baja California, donde el empresario Jaime Bonilla Álvarez y su pandilla convirtieron a la entidad en un cochinero político que trastoca el orden constitucional y se convierte en una avergüenza nacional. Bonilla y su pandilla maniobraron perversa y sospechosamente reformando la Constitución de Baja California para alargar el gobierno de dos a cinco años. ¡Qué burdos, qué inmoralidad política y qué marranadas!, lo cual configura perfectamente el delito de ¡fraude electoral!, porque los californianos ya votaron el pasado 2 de julio por un gobernador de dos años, pero la enfermedad por el poder de Bonilla y su pandilla han convertido a esa entidad de la República en un polvorín político, en el que se asegura que 21 de 25 diputados que votaron en favor de la reforma, empujados por tres ignorantes y perversos diputadetes, de Morena, recibieron un millón de dólares.

Bonilla y su pandilla, además de la lideresa de Morena, Yeidckol Polevnsky, engañan con el cuento chino de que la gente lo pidió, pero una encuesta del periódico Reforma revela que el 52% de los californianos está en contra de la burda y sucia maniobra política y el 42% la aprueba.

El Senado y la Suprema Corte de Justicia de la Nación no pueden permitir por ningún motivo el resquebrajamiento del orden político y social en la Baja California. Bonilla y su pandilla deberían ir a la cárcel cuando la Fiscalía para Delitos Electorales compruebe que el fraude electoral se configura por el empleo fraudulento y mafioso de recursos de dudosa procedencia, los cañonazos con dólares, pero si el presidente de la República no quiere que las cosas lleguen a mayores ni que se diga que Baja California es un laboratorio para la reelección presidencial, tiene que dar un manotazo y ordenar a sus huestes en el Senado que declaren la desaparición de poderes o la Corte la inconstitucionalidad.

El caso Baja California tiene lumbre y López Obrador podría quemarse. Tiene que actuarse ya, y evitar incluso, que Bonilla y su pandilla recurran al separatismo, es decir, a que la Baja California se convierta en la estrella número 51 del país de las barras y las estrellas, como se presume que también podría ocurrir con Yucatán, donde algunos de los panuchos de la casta divina anhelan ser tutelados por Miami. Yucatán ha puesto su mundo aparte hasta en dos ocasiones: la primera emancipación, como capitanía general de Yucatán durante la Independencia Nacional. Y la segunda ocasión, en 1846 como estado soberano que volvería como el hijo pródigo a unirse a México en 1848.

La absurda y peligrosa división que provoca Andrés Manuel López Obrador entre los mexicanos podría llevarnos a la balcanización o pulverización de México. Y eso, no podemos ni debemos permitirlo, los mexicanos bien nacidos.

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