Calaveras del humor

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Por lo malo o lo adverso, el buen humor, ¡que vengan los festivos versos de agridulce sabor!

Riman festivos, sentidos versos, para personajes vivos, en calaveras, se presentan como muertos. De una jerarquía social o importancia política, calaveras que a unos provocan risas por la costumbre de ironizar.

Se versifican calaveras escritas, alusivas a políticos o a la política, y se improvisan. El presidente Enrique Peña Nieto emprende, como canción relativa a la golondrina, un vuelo en nacional desconcierto por agitado y violento revuelo de la turbación con desconsuelo cuando doblan campanas en continuados duelos; la muerte, insensible a colectivo desconsuelo.

Calaveras (del latín “calvario”, derivado de calvus, calvos). Calvo, el que sufre calvicie, más se padece un calvario por sufrimiento de seres prolongado. El 1 de diciembre, un cambio presidencial, la gente dice que “llueva, pero que no tiemble”, causa más daño familiar.

Y la calavera para el presidente electo Andrés Manuel López Obrador: no será patrono o santo, como san Isidro Labrador, en un país del humano dolor, y los muertos —de risa— esperan anhelantes lo que en campaña prometió. López Obrador, con grandes retos, contempla los restos de lo que ya recibió; una nación en crisis, política, social y económica, donde cavó su tumba, el político que quiso conocer la misteriosa ultratumba.

Otras calaveras de terror, miedo grande es el pavor, seres afligidos con el temor, con la inquietud, el resquemor. Y rimada calavera para la presidenta Adela Román, sin temor para acabar o coronar, objetivos contra la inseguridad, de espinoso zarzal; mejor que una corona de espinas sería cultivar un rosal, ofrenda al amor y a la amistad.

¡Ah, doña Flora!, nombre de la diosa itálica de las flores, lo lleva una señora que las cultiva de variados colores. Y la flor de muerto, cempoalxóchitl, cempasúchil, rosa de muerto o flor de cementerio; amarillas, anaranjadas o rojizas, emanan para el olfato agradables olores. El cultivo de las plantas y la pasión por las flores, la floricultura. Don Carlos Pellicer, el poeta fallecido en 1977, y su “Discurso por las flores”, fascinado en poético texto por lirio morado y un sentido epitafio: el pueblo mexicano tiene dos obsesiones, el gusto por la muerte y el amor a las flores.

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