Campañas de odio

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En varios lugares del mundo ha comenzado a ganar terreno un discurso del odio contra los migrantes que tuvo su expresión más condenable estos días en Estados Unidos, en donde ocurrieron tres masacres, la primera en El Paso, luego en Chicago y en Ohio, en lo que se consideran crímenes de odio contra los migrantes, en este caso los mexicanos, y que reivindican a la raza blanca.

Las palabras de odio han dejado su espacio a las balas. En España von el recién formado partido Vox, en Brasil con el triunfo de Jair Bolsonaro, en Estados Unidos con Donald Trump, de manera más evidente se ha dejado crecer un clima enrarecido con las campañas políticas que reivindican posiciones antiinmigrantes, sobre todo aquellos que son pobres; porque Trump, por ejemplo está casada con una mujer que no es originaria de su país.

Al final de cuentas, como muchas otras cosas en la vida, lo que aquí se enfrentan es pobres contra pobres; inducidos por el discurso de odio de los líderes políticos. Porque el discurso xenófobo no va en contra de los migrantes que llevan dinero inversiones, sino en contra de aquellos que viajan poniendo en riesgo su vida para mejorar sus condiciones de existencia, y que no dudan en colocarla en riesgo, ni la propia ni la de sus familias.

Es durante las crisis económicas cuando se comienzan a acentuar los discursos en contra de los migrantes, porque quienes residen en un lugar consideran que se colocan en riesgo sus empleos a la llegada de nuevos residentes en busca de trabajo y dispuestos a cobrar menos salario por conseguir donde laborar.

En Alemania, en donde la historia de la xenofobia, y cuya idea de la raza aria, cobró vigencia y presencia, al manifestarse en contra de los judíos, es uno de los acontecimientos más graves del pasado reciente. Pero que ahora se presente de nuevo en otros puntos del globo terráqueo y de la forma en que se ha manifestado ahora en Estados Unidos, debe comenzar a replantearse la tolerancia a esas expresiones.

Y esa es precisamente la paradoja de la tolerancia en la democracia, ¿se puede ser tolerantes contra los intolerantes?

Los últimos triunfos electorales en el mundo, muchos de ellos de derecha, pero algunos de izquierda, se han dado gracias a la división que han hecho de la sociedad. Entre los buenos y los malos.

Trump y Bolsonaro son las expresiones mas acabadas y patéticas de líderes que han asumido el poder formal para continuar difundiendo su discurso de odio en contra de otras razas, pero que se encuentren en condiciones de pobreza. A quienes no piensan como ellos los consideran enemigos. A expresiones y preferencias no consideradas “normales” se les sataniza y condena. Y esas formas de hacer políticas las siguen difundiendo desde el gobierno.

Lo que ocurrió en Estados Unidos es lamentable porque hubo muertos, pero obedece a un discurso de odio que se está presentando en varios países y con ello se prepara el camino a esto que se ha condenado.

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