Catástrofe laboral

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En 305 millones de desempleados en todo el mundo, estima la Organización Internacional del Trabajo, a causa de la pandemia del coronavirus y de esos 305 millones, cuando menos 1 millón 300 mil empleos se perderán en México, lo cual presagia posibles brotes sociales a nivel global.

La Organización Internacional del Trabajo estima también que el desastre laboral que dejará a su paso la pandemia del COVID-19 será de poco más del 8 %, de los 305 millones de plazas que ya se perdieron en todo el mundo.

Los datos duros que da la OIT son francamente preocupantes, sobre todo en países como el nuestro donde no hay ninguna estrategia que mitigue los terribles efectos que dejará esta crisis de salud en muchos aspectos: la vida, la salud, la forma en que nos relacionamos y hasta en nuestro trabajo, que ahora podría ser desde la casa, pues la pandemia dejará una lección de que muchas empresas podrán ahorrarse mucho dinero haciendo que sus trabajadores no consuman recursos propios, sino que lo hagan desde sus hogares.

Trescientos cinco millones de desempleados por la actual crisis de salud y económica no son nada alentadores y no pocos economistas alrededor del planeta recuerdan al economista francés Thomas Piketty, quien hace una década en su libro “El capital en el siglo XXI”, alertaba que el escandaloso abismo que hay entre ricos y pobres, podría desencadenar en macabros estallidos sociales en el mundo.

Este desolador y catastrofista panorama de desempleo global cambiará muchas cosas en varias naciones, sobre todo en aquellas donde habrá elecciones de jefes de Estado, como es el caso de Estados Unidos que ya suma en menos de tres meses un desempleo de más de 30 millones de norteamericanos que ni por equivocación votarían por la reelección de Donald Trump, quien ha dado muestras de una monumental insensibilidad política y humana y la historia de los Estados Unidos nos dice que ningún presidente de la República se ha reelegido hasta hoy cuando la nación está hundida en una recesión económica, tan abismal como la que ocurrió en 1929, cuando la desocupación en Estados Unidos alcanzó hasta un 24 %, pues alrededor de 11 millones de norteamericanos se quedaron sin chamba.

Otro tanto ocurre en México, donde Andrés Manuel López Obrador ha manejado la crisis del coronavirus con asombrosa irresponsabilidad y con ocurrencias como aquella de que “la pandemia nos hará los mandados, porque la combatiremos con amuletos”.

En fin, el mundo está saliendo de una pesadilla de casi medio año, pero está por entrar a otra pesadilla que seguramente durará más tiempo, sobre todo en las naciones donde los mandatarios resulten cuenta chiles, negreros, con insensibilidad humana y política para solucionar la nueva crisis, con la que seguramente otros gobernantes que vengan prometerán resolverla con recetas mágicas engañando a la gente con promesas electorales que jamás cumplirán.

 

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