Chavarría

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Armando Chavarría Barrera es un caso que puede servir para varios ejemplos, pero especialmente en dos: El primero es que es la clara muestra de que el mejor político es el político muerto; y el otro, es de que la justicia en Guerrero no es pronta, sino un tortuoso camino, para familiares y que en realidad no importa de quién se trate cuando se trata de no impartir la ley. Del asesinato de Armando Chavarría a la sazón presidente del Congreso de Guerrero se han escrito libros, poemas, pero a ocho años del crimen aún no se ha detenido a nadie, aunque se ha susurrado sobre muchos.

Bajo las exigencias de secrecía de la investigación recién el fiscal General del Estado, Xavier Olea Peláez, entregó a la Cámara de Diputados, un informe sobre el caso irresuelto. Pero sólo se trata de un informe para quien lo recibió, no publicable. Y sí se trata de no hacerlo entonces se encuentra en las mismas, es decir sin resultados.

De acuerdo a lo que se publica cada año, por las mismas fechas, para muchos el responsable del crimen es Zeferino Torreblanca Galindo, porque como gobernador le retiró la escolta que debía proteger al legislador en su carácter de Presidente y su importancia política. Más allá de ese argumento, el resto es especulación, como de que Chavarría Barrera era el más avanzado precandidato a gobernador por el Partido de la Revolución Democrática para la sucesión de Torreblanca Galindo.

Sin embargo, Chavarría Barrera que ahora es un dechado de virtudes políticas, capacidad de liderazgo, estratega político, no les fueron reconocidas esas prendas personales en vida. Incluso muchos de los que ponderan esas virtudes le negaron su apoyo en vida a cualesquiera de los cargos que buscó por elección popular.

Dividida como siempre lo ha estado la izquierda, no confió en él cuando fue precandidato a gobernador en disputa con Zeferino Torreblanca Galindo, muchos prefirieron al ex alcalde de Acapulco, incluso de la propia Universidad Autónoma de Guerrero. Y ahora, es un lugar común señalar que Chavarría era el necesario y competitivo candidato que el PRD necesitaba para ser mandatario de la entidad. Pero lo curioso es que quienes repiten esa aseveración son los mismos que le negaron el respaldo cuando fue precandidato.

Chavarría Barrera fue un exitoso y carismático líder estudiantil de la Universidad, pero a pesar de haber alcanzado la dirigencia de la Federación Estudiantil Universitaria de Guerrero (FEUG) no pudo lograr otras aspiraciones políticas, como la de ser rector de la UAG, en donde compitió en dos ocasiones.

Derrotado en las li- des universitarias, Chavarría incursionó en la política estatal, en donde logró una diputación federal plurinominal y posteriormente una senaduría de igual condición; estos cargos le permitieron contribuir no con la corriente de- nominada de Nuevos Cívicos que dirigía en la Universidad, sino la conformación de otra llamada Polo Guerrerense de Izquierda dentro del PRD, y con mucha fuerza. Además, gracias a esos cargos burocráticos, logró que dos miembros de su corriente, como Florentino Cruz Ramírez y Nelson Valle López, lograran lo que él no pudo conseguir en dos oportunidades consecutivas, ser rector de la UAG.

Entre el 97 y el 2009, Armando Chavarría Barrera fue el líder universitario que más lejos llegó. Incluso más que Rosalío Wences Reza, que fue diputado federal en el 88. Chavarría Barrera fue diputado federal, senador, secretario de gobierno y diputado local, y como tal presidente del Poder Legislativo, pero no llegó al Poder Ejecutivo, porque en realidad le regatearon en vida, lo que ahora de muerto le otorgan: Todas las virtudes políticas habidas y por haber.

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