China y EU, dos turbinas alicaídas

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China y Estados Unidos son las dos turbinas del crecimiento mundial. Por ejemplo, el Banco Mundial espera un PIB global en 2019 del 2.6 %; el organismo es el más pesimista en comparación con la OCDE, que prevé un 2.9 %, o que el FMI, que ubica el crecimiento en torno al 3 %.

Para 2020, también el Banco Mundial es más cauto en sus estimaciones porque parte de una previsión de un PIB global de 2.7 %; en cambio, el FMI es más optimista con un PIB del 3.4 % y la OCDE lo sitúa en un punto intermedio con un 3 %.

Para Estados Unidos, el FMI avizora un crecimiento económico del 2.4 % en 2019 y del 2 % este nuevo año; para China, el FMI estimó que la economía habría crecido un 6.1 % el año pasado y, para 2020, su pronóstico antes del coronavirus era de un PIB del 5.8 %.

En la actualidad, es verdad, con esta nueva emergencia viral, las previsiones podrían ensombrecerse si la presencia del coronavirus se alarga, si empiezan a cundir las cancelaciones en los viajes internacionales; todo empeoraría si el PIB chino finalmente desacelera y, al final, su menor expansión se traduce en menor demanda por petróleo, menores importaciones de bienes, mercancías y servicios y se confirma una caída en el consumo y la demanda interna.

Ya hay algunas maniobras que van sucediendo: tras las vacaciones del Año Nuevo, el 3 de febrero, el Banco Central de China prestó 150 mil millones de yuanes —equivalentes a 22 mil millones de dólares— al sistema financiero chino para inyectarle liquidez y respaldar los préstamos vencidos y por vencer en el corto plazo; también recortó los tipos de interés. La intención es amortiguar en el sistema financiero el golpe de efecto en el ciudadano de a pie por el coronavirus.

También está el efecto por la cancelación de una serie de eventos importantes en tierras chinas provocado por la emergencia sanitaria, así se han suspendido el Mundial de Atletismo de Nankín en marzo, la Fórmula 1 con un Gran Premio en Shanghái y la Fórmula E de monoplazas eléctricos organizada por la Federación Internacional de Automovilismo prevista para el 21 de marzo en Sanya, al sur de China; la Superliga china de futbol se ha visto afectada con los encuentros pospuestos; la Federación Internacional de Tenis cambió la sede de su torneo a Kazajistán, y la Copa del Mundo de esquí alpino en Yanqing también fue cancelada.

Hay preocupación en Asia y en Europa porque temen igualmente una afectación en la salud y un golpe en la economía sin quedar indemnes de efectos y brotes de racismo, así como de xenofobia.

A COLACIÓN

En Madrid, la embajada china convocó a los medios de comunicación para una rueda de prensa con Yao Fei, encargado de Negocios de la sede diplomática.

Fei aprovechó la ocasión para denunciar que están siendo víctimas de racismo y reiteró que el problema debe enfocarse “en el coronavirus, no en los chinos”.

En los últimos días, varios gobiernos de Europa, entre estos el español, han hecho hincapié en que el virus, si bien se originó en China, no significa que “todos los chinos lo tengan”, con el llamado a evitar manifestaciones xenofóbicas o discriminatorias contra los asiáticos en tierras europeas.

Hay una serie de acciones orbitando alrededor del tema del coronavirus, no es solo la enfermedad en sí misma, sino el miedo al contagio, la ignorancia, el papel de los medios digitales y las redes sociales muchas veces difundiendo bulos.

Y, por supuesto, están las consecuencias económicas. ¿Puede infectar el coronavirus también al PIB global? Si China desacelera, la respuesta es afirmativa.

De acuerdo con Santiago Barón, en comparación con 2003, cuando se produjo el contagio por el SARS, la economía mundial es hoy en día más dependiente del ritmo del gigante asiático.

“El número de infectados por el coronavirus de Wuhan ya supera al de contagiados por el SARS, un brote de esta familia de virus, que se produjo en 2003 y en el que los expertos se fijan para calcular el impacto de la nueva infección. La tasa de mortalidad del brote actual (de 2 % a 3 %) es menor que la del SARS (de 9 %). No así el impacto económico: la actividad global es ahora más dependiente —en mayor medida— de la marcha del país asiático que hace dos décadas. China ha aumentado su peso económico global porque contribuye al 17 % del PIB mundial mientras que hace 16 años apenas acaparaba el 4 %, según el Fondo Monetario Internacional (FMI)”, puntualiza el experto.

Barón menciona el hecho de que algunos analistas y firmas de inversión consideran que el PIB chino crecerá un 1 % menos entre enero y marzo por la crisis sanitaria.

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