¿Cómo quitas al candidato?

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¿Cómo borras la leyenda?

¡Reinventándola!, dijo alguien. Qué quiso decir, preguntó un escéptico.

No sé a qué se refiere, alcanzó a escuchar de otro incrédulo.

Que sea más específico, gritó un entusiasta.

Si me permiten, presuroso, levantó la voz. Todos los aquí reunidos, que somos varios, hay que comentar y repetir las virtudes del candidato.

Con sorna, alguien preguntó, pero ¿cuáles?

Con voz al cuello, dijo: “Las que tenemos todos los seres humanos”. Justo, amable, cariñoso, buen padre, dadivoso, caritativo, ecuánime, honesto, razonable, sin vicios, culto, informado, y las que se les ocurran. Y esto, desde este momento hay que repetirlo en todos lados y cada uno de nosotros. Es necesario inundar la ciudad con estos dichos y además no se olvide decir, que es un hombre de éxito porque ha logrado todo lo que se propone.

Otra voz, deslizó, pero las encuestas, medida de la actualidad para nombrar a un candidato, han variado; antes señalaban casi invencible, hoy, ha descendido con el riesgo de perder.

Otra voz terció: pero los indicadores de esas encuestas nos muestran tres a uno a nuestro favor. ¡Con eso ganamos! Festejó.

Los que nos resta, concluyeron, es decir, las virtudes del candidato.

Y vamos a ver en qué termina esta narrativa.

El círculo de poder, era estrecho. Cinco o cuatro personas. Dos, aparte de este selecto grupo, no llegaban a acuerdo para ser el ungido.

El proceso había sido largo y muy agotador porque hubo más de 10 aspirantes.

Los dejaron solos, que hablaran para que alguno convenciera al otro. Ninguno persuadió al otro.

De repente aparece una silueta. Figura alta, bonachón, bigote crespo y mal vestido. De la nada, alguien propuso: “Y qué les parece este”. Sí, con modo despectivo y tono desesperado.

No se ve mal, apoyó otro de los cuatro o cinco reunidos. Un tercero alentó, pues ya, no perdamos tiempo.

Lo eligieron el candidato. La propaganda consistió en exprimir sus deficiencias y convertirlas en fortalezas. Era mujeriego y deslizaron que protegía a las damas. Era alcohólico y lo convirtieron en inspector de alcoholes y catador. Era ignorante y le publicaron libros, por supuesto plagiados. Era fumador empedernido y lo cubrieron con una manera de suplir su hiperactividad. Ganó.

El dilema de Morena es cómo quitar al candidato sin que huyan sus simpatizantes, porque son muchos.

¿Se atreverán a publicar las encuestas? Creo que ahora sí, para demostrar quién ganó y quiénes perdieron.

Si pierde el que se supone más fuerte, el mismo candidato tendrá que persuadir o convencer a sus huestes que perdió en buena lid.

Si llegara a rebelarse, volvería a su vida “normal” y ya no tendría otra oportunidad, aunque la vida política tiene muchas vueltas.

Las oportunidades para registrarse con otro partido ya se han achicado.

Félix es un gato (por sus relaciones con el presidente) y también porque ha desarrollado siete vidas. En este proceso, hasta el momento, como gato, ha caído de pie.

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