Cortesías políticas o cohabitación

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En una reciente entrevista el gober- nador de Guerrero, Héctor Astudillo Flores, señaló que acudirá a una nueva gira con el presidente Andrés Manuel López Obrador, aun con el riesgo de sufrir un nuevo abucheo, similar al que fue víctima en Tlapa hace unos días. De la rechifla acusó al delegado del go- bierno federal, Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, pero fueron muchos de los seguidores de Morena quienes la de- fendieron con el argumento de que se trataba de una expresión del pueblo molesto con los resultados del gobierno de Astudillo.

La rechifla como expresión espontánea no la creyó ni López Obrador, cuando reprendió a quien correspondiera por el hecho. Si hay indignación en el pueblo o parte del pueblo que simpati- za con el gobierno de López Obrador, debe aprender que ya son gobierno y que no es lo mismo un gobierno que una movilización social, para gobernar se requieren alianzas y cortesías políticas. Una de ellas son las que ha forjado Morena con el PRI de manera reciente, como en el caso de la Guardia Nacional, en la que el partido tricolor aprobó la iniciativa de López Obrador.

Si bien es cierto que en la militancia los ánimos se pueden caldear y llegar a los insultos y rechiflas, en algún lado debe prevalecer la cordura y considerar la legitimidad del adversario. Es con adversarios, que se reconocen como tales y no como enemigos, que se arma el juego político y democrático con los que se puede disentir y discutir. A un adversario político no se le puede eliminar ni acallar, porque entonces entraríamos en la fase de la dictadura y el autoritarismo.

Para que exista discusión, debate y disenso, se hacen en un clima de respeto y tolerancia hacia los pensamientos diferentes.

Las expresiones de rechazo a personajes contrarios sólo pueden agudizar y enrarecer un clima político, en el que por supuesto nadie sale ganando. Por el contrario se puede perder más con el endurecimiento de las posiciones.

Por mucho que los simpatizantes de Morena se digan “pueblo” también lo son aquellos que no simpatizan con sus ideas o militan en otros partidos, la descalificación por esta circunstancia sólo limita el debate y cierra los canales de comunicación.

De tal manera que lo más sensato es que los líderes de Morena y los nuevos gobernantes o representantes del gobier- no federal, hagan un llamado a la mesura y al respeto a los representantes de otros partidos y de otros gobiernos. Porque no se trata de enemigos a los que hay que eli- minar, sino solamente adversarios y son tan legítimos como cualquier otro.

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