COVID-19, ¿cuántas muertes más tienen que ocurrir?

COVID-19, ¿cuántas muertes más tienen que ocurrir?

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Según la información oficial, tanto del Gobierno federal como del estatal, los contagios por el virus SARS-CoV-2 están estancados o van a la baja, según sea la fuente que lo consigne; sin embargo, el número de muertos en el país es de 43 mil 587 y en el estado de Guerrero es de mil 340, y hay nueve mil 952 casos confirmados de enfermos de COVID-19, a pesar de ello este lunes el Novedades Acapulco informó de la dispersión de personas aglomeradas en fiestas y miradores de Acapulco.

 

Además de que se han registrado golpes por personas que se niegan a asumir las medidas sanitarias recomendadas para evitar la propagación del virus y por si eso fuera poco, el pasado fin de semana en Chilpancingo una turba que acudía a un centro comercial a aprovechar las ofertas causó una estampida, que de acuerdo con el video hecho público no derivó en tragedia por voluntad divina, porque se miraba cómo pasaron por encima de quienes cayeron en el tumulto.

 

Así que parafraseando la canción de Bob Dylan, “La respuesta está en el viento”, es necesario preguntar “¿cuántas muertes serán necesarias antes de que se den cuenta que ha muerto demasiada gente?”. Porque tal parece 43 mil 587 a nivel nacional y mil 340 defunciones en el estado de Guerrero parecen ser insuficientes para que muchas personas tomen conciencia de la gravedad de la pandemia.

 

Tras el número de enfermos y decesos a lo largo de estos casi cinco meses de que llegó la enfermedad a México, han pasado muchas cosas, muchas noticias falsas y absurdas, que son llamadas infodemia, porque se trata de información nociva, que no obstante de la evidencia de su falsedad se comparte como si se tratara de verdades.

Primero fueron las teorías del complot –que se trataba de una enfermedad creada para dominar al mundo–, posteriormente de que se inyectaba en los hospitales, así hasta conformar un largo etcétera de confabulaciones sin fin y que sorprendían por lo absurdo de sus proposiciones. Ni las muertes ni las noticias de enfermos, pudieron menguar estas informaciones ni concientizar a las personas incrédulas sobre la necesidad de respetar las normas sanitarias para evitar el contagio.

 

El número de contagiados hizo más difícil la atención médica pública y encareció el cuadro de medicamentos y de atención, algunas medicinas que costaban menos de 200 pesos al principio de los contagios costaban más de mil pesos posteriormente. La carestía y la esperanza de salvar a un ser querido de la enfermedad hizo salir a charlatanes a ofrecer las curas mágicas y a ofrecer la vacuna que se inventó pero que no se puede hacer pública. En fin, todo un rosario de problemas.

 

Sin embargo, a pesar de ello, todavía hay quienes no toman las medidas pertinentes, y que a cinco meses de confinamiento que se alarga y que se alarga, esto comenzó antes de las vacaciones de Semana Santa, ya se van a terminar las vacaciones de verano y aún no se ve la salida en el túnel.

 

Se podrá continuar culpando a los gobiernos, federal, estatal y municipal, pero si algo es seguro es que los gobernantes y representantes políticos tienen el dinero suficiente y a la mano para atenderse. Mientras que la mayoría no. En esta pandemia se han dado muchas muestras de solidaridad social, tanto en la alimentación como la ayuda económica.

 

Se han dado muestras de empatía pero también de antipatías, algunos se quejan de aquellos que salen a la calle, pero la cuestión es la falta de cuidados y seguramente estas personas resultarán contagiadas en cualquier momento, y son precisamente esos los que piensan que a ellos no los tocará la enfermedad porque no creen en ella.

 

Y se volverá a preguntar ¿cuántas muertes serán necesarias antes de que se den cuenta que ha muerto demasiada gente? Porque esto al final de cuentas no es un problema de Dios sino de seres humanos que se niegan a aceptar una realidad.

 

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