Crónica: El paraíso terrenal

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Un puerto-paraíso atrayente como su historia y etimología que lo engrandecen más con su atracción natural: Mar, bahía, y playas. Un puerto con leyenda etimológica, del origen de las palabras, Acatl-pol-co, de Acatl, que significa carrizo, nombre del primogénito del jefe de la tribu de los náhoas, en romance con Quiahuitl (Lluvia), en la serpenteada bahía por mar, con un destino trágico, por el sacrificio de Acatl por esbirros del padre de su amada con triste desenlace. Un puerto al que arribaron por mar, el año 412 de la Era cristiana, seis monjes budistas procedentes de China, y asombrados por su riqueza natural, llamaron “Ye-po- ti” (Lugar de los tesoros naturales).

 

La historia de Acapulco con remoto origen. Grupos prehispánicos como los náhoa, de linaje náhuatl,  llegaron al puerto que designaron “El lugar de las cañas”. El significado etimológico con diferencias expresivas. “La perla del Pacífico” o “El paraíso de América”, entre otras que significaron al puerto, pletórico, por su abundancia de recursos naturales, o el paisaje contrastante con luz de Sol y Luna o la de reflectores nocturnos; luces en la bahía que la resplandecen, con imágenes de mar y la playa en una atracción rítmica del oleaje que baña la franja de arena. Un puerto que ha sufrido daños por sismos o ciclones, con atrevida promoción en un video difundido, con imágenes de grupo divertido en mar, y la expresión: “Hom, I’ min Acapulco”,” Mamá, estoy en Acapulco”. En video faltó respuesta: “All right”, “está bien” ¡paradise (the)!

 

Un paraíso terrenal, con la cita bíblica de Dios, Adán y Eva. Y el poema épico del inglés John Milton, “El paraíso perdido”, con 22 cantos sobre la caída del primer hombre y la primera mujer que Dios creó, y le desobedecieron al comer la manzana del árbol prohibido, los expulsó y después los perdonó. Y “El paraíso recobrado” (Milton), cuando Satán tienta a Jesús. Por contagioso COVID-19, la prohibición de bañistas en playas que ya recobran mayor frecuencia de residentes y turistas. El mar y la playa de gran atracción, diré con poéticos “Cuerpos de arena”: “En la arena de siglos, la arcana arena, del secreto oculto o íntimo, en la mar serena. Y con “Luz de luna”, de Álvaro Carrillo, muy sentimental a la mujer ausente: “Yo siento tus amarras como garfios como garras que me ahogan en la playa de la farra y del dolor”.

 

Y el mar de la atracción, se conjuga con el verbo transitivo AMAR. De José Gorostiza, “La orilla del mar”: “A mí venga el lloro, pues debo de penar. No es agua ni arena la orilla del mar”. Un canto desolado de mar y playa. Un “Nocturno mar”, de Javier Villaurrutia: “Nada podrá ser más amargo que el mar que llevo dentro”. El sentimiento más aflictivo derrama lágrimas ardientes sobre la húmeda arena. Y la playa arena y el imponente acantilado. En La Quebrada, los espectaculares clavados, y la luna de miel,  de estrellas de Hollywood, en el puerto: Elizabeth Taylor y Mike Todd; el expresidente norteamericano asesinado, John F. Kennedy, y la sensual actriz francesa Brigitte Bardot.  ¡Acapulco es una delicia, en refrescante brisa! Se disfruta aun con la pandemia maldita.

 

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