Crónica: El puerto paraíso

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¿Un paraíso perdido?, con expresiones enfáticas ¡Nunca jamás!, que significa negación por lo que afecta o daña al ser humano, y ¡Nunca más!, que no se vuelva a repetir. ¿El COVID-19?, virus letal que aún afecta y daña con contagios y defunciones continuas.
Lamentables pérdidas humanas. La crisis económica con el colapso existencial que agudizó más la pandemia, con un empobrecimiento progresivo y la carencia de lo indispensable para la diaria subsistencia de personas y familias de las siete regiones de Guerrero, de otras entidades  federativas, y de países afectados por crítico mal epidémico que aumentó virulento mal: La violencia.
La crisis económica con la desesperación familiar por la falta de dinero y del alimenticio, con la crítica situación de una actividad reducida de empresas y comercios de las percepciones económicas reducidas por el cierre de tiendas, hoteles y una crisis laboral con el despido de trabajadores. Los efectos de la economía. El gobernador Héctor Astudillo Flores informó del acuerdo entre los tres niveles de gobierno de Guerrero para la reapertura parcial de actividades en la entidad, con “la demanda de muchos guerrerenses de reactivar la economía como prioridad de la subsistencia”. El gobernador subrayó: Salud y economía de la población, son prioritarias. Y advierte: “Aun con semáforo naranja, la pandemia por
COVID-19 está presente”. Acapulqueños, y habitantes de otras regiones, no deben relajar las medidas para evitar un rebrote del virus. La movilidad
de personas, grupos, y transporte público y privado, aumentó con la reapertura y reactivación de actividades en el puerto.
¿Un paraíso recobrado? La presidenta de Acapulco, Adela Román Ocampo, convoca “al reencuentro con el paraíso”, “con los brazos abiertos a los turistas”. Turistas y acapulqueños se observan en playas abiertas del paradisiaco puerto. El mar, con poética inspiración: Rueda que rueda la onda, vestida de azul marino, acompasa vals la ola, eterno es su destino. ¡Qué sufrido destino humano por la pandemia que nos tocó vivir! Buscamos el remedio para un estado de ánimo depresivo, con la brisa, y la espuma de agua marina que acaricia. ¡En Acapulco, la delicia! Y como prevención para COVID-19, en sección Salud (Novedades, 2 de julio), el análisis “Razones para seguir en casa”, una buena orientación para evitar el contagio del virus.
Y se denomina paraíso (del latín paradisum, y del griego paradeisos), el lugar en que, según la Biblia, coloca Dios a Adán y Eva, ¿un paraíso terrenal?, el puerto de Acapulco, aún con grandes aflicciones y privaciones que se padecen. Un puerto paraíso, donde uno se encuentra a gusto, por el disfrute de clima, de exuberante flora cerca del mar que bordea la costa, y playas de antiguos nombres, Caleta y Caletilla, Hornos u Hornitos, Manzanillo, Icacos, Puerto Marqués, nombre impuesto por el conquistador Hernán Cortés, La Quebrada, El Fuerte de San Diego, y otros históricos. Y por la palabra paraíso, citemos del inglés John Milton “El paraíso perdido” de diez cantos (1667) y doce (1674), sobre la caída de Adán y Eva que desencadena en la libertad humana, y “El paraíso recobrado” (1671), en el que Satán tienta a Jesús en vano. Dios separa a Eva de Adán, ella, compañera de elección para la vida contemplativa. El diablo influyó en Eva al comer la manzana y darle el fruto prohibido a Adán que cayó en la tentación.
La mitología helénicorromana relata la historia de la manzana de la discordia que la diosa Iris arroja airadamente sobre el mantel nupcial, en la boda de Tetis (una diosa del mar) y Peleo, padre de Aquiles, en represalia por no haber sido invitada. La manzana, fruto delicioso, es un elemento en todas las mitologías de la antigüedad, siempre relacionada con el amor y la generación ¿La manzana de la discordia?, de la desavenencia, diversidad y oposición de opiniones, divididas con la agresividad verbal o física que es un contagio de la irritación como el COVID-19, que daña y afecta y ahonda la crisis humanitaria por todo lo que se padece.

 

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