Crónica: La crisis de la humanidad

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¿Quién cantará con sentimiento aflictivo?, canción (Alberto Domínguez) que grabaron “Los Tecolines”: “Humanidad, ¿hasta dónde nos vas a llevar por tus trágicos sinos?, ¿cuál será mi destino?”. Y, por todo lo que amenaza a la humanidad, más enfático en letra musical: “Pobrecito del mundo… pobrecito de mí”. Seres humanos infortunados padecen la inhumanidad de lo inhumano, cruel, despiadado o duro de una crisis existencial por una cadena de injusticias, extrema pobreza con hambre, enfermedades crónicas y letales y, para colmo de males, la amenaza mortal del coronavirus, COVID-19, ya declarado pandemia (del griego pan, todo, y demos, pueblo), una enfermedad epidémica que afecta prácticamente a todos los habitantes de una región determinada.

Y del griego krisis, crisis, en todas las enfermedades agudas y el coronavirus, más peligroso en su evolución. Se padece, con la alerta mundial de pandemia, una crisis eslabonada y repercusiva en las finanzas o economía mundial, la paralización de actividades humanas laborales, educativas, deportivas o recreativas con alerta por la pandemia, que eleva el número de fallecidos y contagiados en regiones terrestres, lo que provoca una gran perturbación con el temor que causa la propagación en países.

Se dice que los gérmenes patógenos, infecciosos o contagiosos de una enfermedad “son llevados por los vientos”. Con la atmósfera contaminada o los efectos de intenso frío y calor del cambio climático global, gente se llena de optimismo cuando oye que el calor detiene el contagio del coronavirus.

Y, si hablamos de terrible situación por epidemia, citemos la circunstancia de la acción, hecho o situación que influye en la forma de ser y actuar de una persona que no toma en serio la alerta mundial de tomar medidas preventivas para evitar el contagio del coronavirus.

Y a colación, del español José Ortega y Gasset en su existencialismo, la filosofía de la circunstancia, término que proviene del latín circumstantia (de circum-stare), que designa lo que está alrededor, con significaciones de accidental y transitorio frente a lo sustancial y permanente, cuando se dice que algo es circunstancial, con otro significado atribuido a Santo Tomás, relativo a los actos humanos, de lo que toca —o afecta— al mortal en las circunstancias.

Quizá el coronavirus sea de las circunstancias, como amenaza que está alrededor de un lugar, región o país. Lo real en la entraña de la realidad es la terrible situación que se padece por lo trágico existencial a causa de situaciones o circunstancias de mortales accidentes y de epidémicas enfermedades que tienen historia. Temor y angustia provoca el COVID-19, que brota como mal fatal en regiones.

Y la verdad sea dicha con franqueza: “Mientras unos ríen, otros lloran por la fatalidad que padecen”. Con cita del poema de Juan de Dios Peza, “Reír llorando”, alusivo a un actor de Inglaterra, Garrick, que llega con un médico famoso y dice: “Sufro un mal tan espantoso como esta palidez del rostro mío”. Su mal eran las tristezas, con lectura: “¡Cuántos hay que, cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio, hacen reír como actor suicida sin encontrar para su mal remedio!” ¿Habrá pronto un remedio eficaz para detener el mortal coronavirus que causa mucho daño a la humanidad con las consecuencias de lo que se prohíbe y cancela y afecta la normalidad? De una pandemia que causa sufrimientos a la humanidad.

 

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