Crónica: La tierra del cataclismo

Crónica: La tierra del cataclismo

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El trastorno físico súbito del globo terráqueo, se denomina cataclismo, de efectos destructivos, por terremoto o huracán. Cataclismo, aplicable al gran trastorno en el orden familiar, social o político. Un mundo Tierra, también de la catástrofe, del cambio brusco e inesperado; trastorno que altera gravemente el estado de cosas, y anímica de habitantes de una región por terribles males padecidos, de la pandemia de COVID-19, huracanes con inundaciones catastróficas. Fenómenos naturales en mayor número e intensos por el cambio climático global y/o el calentamiento climático, en el trágico año 2020.

 

Perturbación, es el estado de la atmósfera caracterizado por vientos fuertes y precipitaciones por una depresión (barométrica), atmosférica- ciclónica. El verbo transitivo perturbar, de lo que produce desorden, alteración del orden, y del ánimo, con la inquietud o intranquilidad, por el fatal encadenamiento de epidemias, intensas precipitaciones pluviales con fluviales inundaciones, y los graves daños que causan incendios forestales a la naturaleza en California (Estados Unidos), y en otras regiones de una tierra que semeja el infierno terrenal.

 

Las consecuencias fatales del COVID-19, imparable en contagios y defunciones en países como México, con mayores padecimientos de una gran parte de la humanidad, de extrema pobreza y hambre, provocan una aflicción mundial, congoja, pesar, pena, por familiares que han fallecido por el virus letal, o por la violencia más intensa en regiones. Con el sentimiento doloroso, seres humanos en el desconsuelo, de la angustia y la aflicción, por la pérdida de un ser querido, que se cantaría con sentimiento de letra musical que alude la lluvia: “Aquí dentro de mi alma/ está lloviendo/ como lluvia de llanto/ lágrimas de amor”. La palabra amor considerada abstracta, se prefiere llamarla el querer.

 

Con el quebranto moral, y pérdida en salud y economía que se padece con mayor escasez de dinero y alimentos, familias en la inopia o pobreza, con la esperanza de superar terrible crisis y no morir de hambre. Y con el verbo intransitivo querer, se desea para bien de sufridos seres, que termine la ola de sufrimientos humanos, en tiempo en que se advierte sobre una segunda ola de rebrote pandémico en regiones. Brota impetuosa el agua atmosférica con fuertes precipitaciones e inundaciones del desastre. Quintana Roo, sureste de México, península de Yucatán, una de las regiones con afectaciones de viviendas y familias que perdieron sus bienes con daños de sus hogares.

 

Y con tanto desastre sísmico o huracanado, el gobernador Héctor Astudillo Flores propondrá a los gobernadores que pidan al Gobierno federal, reconsidere la desaparición del Fondo de Desastres Naturales. Afectaría más a poblaciones que padezcan lo catastrófico por un sismo o huracán. Y la presidenta Adela Román Ocampo presentó el Plan de Desarrollo de Acapulco, para mejorar ciudad y puerto, y reubicar colonias en zonas de alto riesgo, al cumplirse 23 años de la destrucción y muertos que dejó el huracán “Pauline”. Y por los frecuentes e intensos fenómenos atmosféricos, mortales recordarán el bíblico diluvio universal de la Tierra, de 40 días y noches, como castigo de Dios por el mal comportamiento de los hombres, por lo que decidió inundar el lugar que habitaban. Y citemos del poeta zacatecano Ramón López Velarde, autor de “Suave patria”, más amarga por los males que se padecen, su poética inspiración en el Diluvio universal: “Ya mi lluvia es diluvio”. Lluvia de llanto por el sufrimiento moral y físico que se padece en regiones del mundo catastrófico.

 

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