Crónica: Los peregrinos

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La multitud de fieles con sentimientos, inquietudes y esperanzas. De las tres virtudes teologales, la fe, creencia religiosa; la esperanza, confianza de lograr lo que bien se desea, y la caridad, del amor a Dios y al prójimo; una virtud cristiana opuesta a la envidia y a la animadversión, también se define como limosna o auxilio a los necesitados ¡Cuántos seres humanos desamparados! La mendicidad aumenta con mayor número de mendigantes, por la extrema pobreza o enfermedad, de los que extienden la mano y no reciben monedas para la diaria subsistencia.

Los mendicantes abrazan la fe, esperanza y caridad. Un estado lastimoso y deplorable en el zócalo, de los que piden limosna, y observan las peregrinaciones guadalupanas hacia la Catedral de La Soledad. Sufren el quebranto, más por lástima y conmiseración, sentimientos que se pierden como aves de paso en un horizonte marino o celeste como la migratoria golondrina “que de aquí se va”, con imagen de la separación, no solo de aves por el ecocidio que provoca el hombre, también entre personas que separa sus intereses comunes, sin la unidad homogénea, solidaria o humanitaria. La separación entre seres humanos, por el odio feroz, el egoísmo más egocéntrico, del que cuida sus propios intereses, ¡ah!, y por una separación de familias que provoca una delictiva y violenta acción en toda región.

Peregrinos, con infortunados niños, recorren buenos y malos caminos, inexorable el tiempo y el destino. Citemos a la “Peregrina”, “ de ojos claros y divinos”, inspiración musical del yucateco Ricardo Palmerín quien a petición del gobernador de Yucatán, Felipe Carrillo Puerto, dedicó a la periodista norteamericana Alma Reed. Una emigrante, en ingles “emigrant”. Y con el verbo intransitivo PEREGRINAR, por tierras lejanas, se remonta a épocas pasadas, con el presente muy crítico para los que buscan un mejor destino de vida, y empeora situación por una ley de migración estadounidense que violenta sus derechos humanos.

Peregrinos de fe y esperanza cruzan caminos para llegar por devoción a venerar a la virgen de Guadalupe, patrona de México y de Latinoamérica. Y de la conquista militar de México Tenochtitlan, la conquista espiritual. La fe cristiana la asimilaron las antiguas tribus, más por la aparición de la virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac. Juan Diego presentó al obispo fray Juan de Zumarraga, la imagen de una virgen impresa en un ayate, en 1531. La virgen de Guadalupe se popularizó entre indígenas y mestizos. Y una leyenda en la región Acapulco, de “La virgen aparecida” en el Kilómetro 30; una imagen grabada sobre una roca dinamitada, fue descubierta por trabajadores de obra, Fernando Martínez y Simplicio Solís Nava, un 14 de febrero de 194. La imagen de “La virgen aparecida”, atrae numerosas peregrinaciones a su capilla remodelada. El misterio con el misticismo, doctrina filosófica y religiosa que admite la realidad de una comunicación con Dios, a través de periodos de la historia de la religión y la creencia mística. Con antecedente histórico. Durante La Conquista, los frailes hispanos trajeron imágenes religiosas, entre ellas la de la virgen María. Los frailes consagraron santuarios para desterrar el culto idolátrico. Consagraron el de Tonan a la virgen María, y los antiguos mexicanos designaban a la virgen de Guadalupe con el nombre de Tonatzin. Fray Bernardino de Sahagún consigna que los peregrinos indios viajaban más de veinte leguas en romerías llevando ofrendas al santuario de Tepeyac en honor a la virgen de Guadalupe, venerada por fieles en tiempo calamitoso con la fe y la esperanza de que cambie para bien toda situación adversa que se vive o padece.

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