Crónica: Los Reyes Magos

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Con sentida expresión del político, escritor y héroe de la Independencia cubana, José Martí: “Los niños son los únicos que saben querer”. Con definición del verbo transitivo querer se desea una existencia a plenitud con disfrute de bienes que infinidad de niños carecen.

Querer es tener amor y cariño a los niños, cuidarlos y protegerlos de males que acechan en una oscuridad de vida. Y citemos de la escritora española Ana María Matute “La rama seca”, alusiva a una ramita llamada pipa por niña de seis años que consideraba su muñeca. La niña, de carita delgada y pálida, se la mostró a doña Clementina, que piadosa le llevó una muñeca: “Te traigo otra pipa”. Y la niña, llorando, exclamó: “¡No es pipa!”. Y por crónica y letal enfermedad, la niña murió.

Niños y niñas fenecen como las ilusiones infantiles. Niños pobres que no reciban el juguete que anhelan el Día de Reyes Magos, con imaginación ingeniosa, crean sus propios juegos con juguetes, como la niña de “La rama seca”. Niños, en una triste realidad de vida, padecen el infortunio, pobreza, hambre, enfermedad e inseguridad; niños privados de lo que se llama desde la Revolución francesa derechos humanos, elementales e inherentes a la persona humana. El “bien común” de los niños se obstaculiza por todo mal. Niños de pueblos indígenas desearían como mejor regalo de Reyes la no discriminación racial y el acceso a un bienestar familiar que carecen por extrema pobreza. Y por lo que establece como garantía el artículo tercero constitucional, niños con el derecho a recibir la educación primaria no la tienen por situación paupérrima, muy pobre, y por vivir en regiones lejanas de una escuela.

Y padres afligidos o angustiados con niña o niño enfermo implorarán el milagro divino para sanarlos. En libro “Els Tres Reis D’Orient” (Libro de Apolonio del poema anónimo español de mediados del siglo XIII), la virgen María pregunta a mujer sobre el motivo de su aflicción y ella responde que su niño recién nacido está gafo (leproso). María lo toma en sus manos y lo baña con la misma agua que bañó al niño Jesús; el milagro se realiza: el niño enfermo queda sano y limpio. (“Historia de la Literatura Española”, Tomo 1). Y llegados del lejano Oriente, tres magos atraviesan el desierto y se encaminan hacia Belén. La estrella que los guía se detiene sobre el establo en el que dormía el niño Jesús. Y los Reyes Magos, llenos de júbilo, se postran ante el recién nacido para adorarlo y ofrendarle el homenaje de oro, incienso y mirra, símbolos de sabiduría, compasión y fuerza de voluntad.

Se pregunta en capítulo sobre Jesús y los esenios, ¿cuál es el significado de esta visión? ¿Eran los magos discípulos de Zoroastro (Zaratustra), considerado como su rey? Los tres magos se llamaban reyes porque sabían leer en el cielo e influir en los hombres. Los magos de Oriente dieron la bienvenida en el infante de Belén a una reencarnación de Zoroastro (“Los Grandes Iniciados”, Édouard Schuré).

Los bíblicos Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, son esperados en la víspera del 6 de enero de 2020 por niños que esbozan una sonrisa de alegría mientras otros pequeños no ven ni reciben los juguetes deseados.

 

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