Crónica: Muerte sin fin

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Trágico fin, en terrestre confín. La muerte aterra, a mortales en la Tierra. La muerte ineluctable, inevitable. No se pueden evitar calamidades: infortunios o desgracias. La pandemia COVID-19, con la estadística cuantitativa a nivel mundial, nacional o regional, de mayor número de contagios y fallecimientos. Y por coronavirus mortal, también se padece una crisis global, total, en economía, con el mayor empobrecimiento de personas y familias. En tiempo sufrido por epidemias, la tensión por la violenta acción, delictiva y criminal, incontenible en una muerte sin fin. De la etimología latina “finem”, y/o “finis”, “finis”, límite, término, aplicable a la existencia humana.

Una muerte sin fin, de mortales de toda edad y sexo, incontenible como los terribles feminicidios. Atroz, inhumano, el de la niña de 13 años, Ayelin Iczae Gutiérrez Marcelo, ocurrido en Tixtla de Guerrero, por el gran Vicente que exclamó “Mi patria es primero”. La patria mexicana con una muerte sin fin en su geografía nacional ensangrentada. El cruel daño físico y moral a la pequeña Ayelin, con un repudio de sensible sociedad, y de feministas que exigen justicia y castigo a los culpables de un atentado contra una niña que llena de temor, una psicosis de miedo de una colectividad.

 

“Muerte sin fin”, es un poema lírico del tabasqueño José Gorostiza. Una alegoría simbólica expresiva en un vaso de agua. Comparativa, se derrama de pronto como la sangre de un mortal. El escritor veracruzano Jorge Cuesta, cita frase de Gorostiza en “Muerte sin fin”: “Ay, amor, que se ahoga, ay”, en un vaso de agua. Cuesta, describe el patetismo en “Muerte sin fin”. El escritor mexicano Xavier Villaurrutia: “Se muere más pronto en México”. En tiempo actual, se muere por COVID-19, un terremoto, un poderoso ciclón que provoca en tierra y mar, la muerte, también por acciones violentas imparables como un fenómeno climático-atmosférico que arrasa con vidas humanas.

 

En “Muerte sin fin”, Gorostiza: “ A mí venga el lloro, pues debo penar, no es agua ni arena la orilla del mar”. Sí, en el puerto de Acapulco, donde el mar y la playa se atraen en rítmica sucesión de olas que humedecen y acarician la franja de arena. Temor por la “segunda ola” de un rebrote del letal coronavirus. Y sobre el poema “Muerte sin fin”, el regiomontano Alfonso Reyes: “Llegamos a la maravilla –el poema– de “Muerte sin fin”, que llama, “nuestro cementerio aldeano o marino”. “El poema ‘Muerte sin fin’, es un himno fúnebre”, considera el escritor y poeta Octavio Paz. El escritor y director de cine, Salvador Elizondo: “En el transcurrir, el paso continuo de la vida a la muerte”. El filósofo y crítico literario español Ramón Xirau: ‘“Muerte sin fin’ es un poema-río que crece con el tiempo, mes niega la temporalidad…”.

 

El universo metafórico de Gorostiza, rico, como muy pocos en la poesía mexicana. Y los conceptos de José Alvarado, “Gorostiza comienza en el mar y llega a un vaso de agua”; Gabriel Said: “‘Muerte sin fin’ causó la conmoción de una gran hazaña intelectual”; Jaime Torres Bodet lamenta pérdida de noble y puro poeta, Gorostiza, que murió en la Ciudad de México, el 17 de marzo de 1973. Gorostiza, “profundo en la comprensión patética de la muerte”, subraya Torres Bodet. Una muerte sin fin, trágica, aumenta en cifras por COVID-19, y por toda acción violenta en regiones terrestres. (Opinión de escritores sobre el poema de Gorostiza, “Muerte sin fin”, en una edición del Fondo de Cultura Económica).

 

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