Crónica: Paraíso de atracción

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Y fue creado un paraíso, en el Océano Pacífico; prodigioso trópico, de origen muy remoto. El llamado Ye-po-ti por cinco monjes budistas que desembarcaron en el puerto, procedentes de China, en el año 4012 de la era cristiana. El puerto de Acapulco, legendario Acatlpol- co, calas un sentimiento hondo, en un mar de fondo. En la arcana arena, turistas y residentes, con limitado horario por pandemia, ¡azaroso presente! El viento-brisa suave y agradable, reconforta con aliento los tristes pesares. Y por playas restringidas a bañistas, ¡oh, soledad!, en playas y mar, donde la mujer cautiva con sonrisa. Tradicionales playas de Acapulco, en la distancia disfruto.

Nombres antiguos y actuales de la serpenteada franja de arena: Playa “La desgracia”, desemboca el río “El camarón”, dividida entre “Los clavelitos” y “Los tulipanes”; “El terraplén”, frente al hotel “Las Hamacas”; playa de Los Hornos, frente al hotel Hilton; playa de Manzanillo, en la avenida Costera y el “Club de Esquíes”, la más frecuentada en tiempo remoto y actual; playa Honda, comunica con Caleta y La Roqueta; playa de Tambuco, al sur de la bahía; playa de Icacos, la más extensa frente al fraccionamiento Costa Azul; playa La Langosta, cercana a la de Manzanillo; playa de Caleta, un puente hacia La Roqueta, la dividió con Caletilla, entre otras históricas y legendarias, sin olvidarnos de Puerto Marqués que fue propiedad de Hernán Cortés. Inolvidable la playa de Puerto Marqués, erosionada o desgastada por obra “Marina” que le redujo extensión de arena y afectó a propietarios restauranteros, y a sus residentes por una baja percepción económica-turística. ¡Ah!, y La Quebrada, situada en una hondonada, con acantilados a la orilla del mar, con sus tradicionales clavados. (Recuerdos de Acapulco: Rubén H. Luz Castillo).

Y la atracción física entre el hombre y la mujer y/o el mar hacia la playa que suaviza con un intermitente compás de olas, con el rítmico musical “Cuando te acercas a mí/siento una gran sensación/grito triunfal… ¡viva el amor! Y las Mañanitas a un puerto paraíso, con sonidos de mar un concierto; Mañanitas a la bahía de suave brisa; a Caleta, ensenada en remanso, inspira sentido canto; Mañanitas a La Roqueta, de natural riqueza; a La Quebrada donde placen las gaviotas, el mar rebosa. Y serenata en el barrio La Candelaria, la novia suspiraba, el novio lloraba; serenata en Petaquillas, con guitarras de Leobardo García, y cantos de melancolía; en La Cuerería, de tenerías o curtidurías de pieles, fama en los años 30 tenía. Y solo queda contemplar la nocturna Luna el romántico soñador, de felicidad y no desdicha con un bienestar deseado, la COVID-19, luz de vida ha eclipsado. Frases hilvanadas de mis poéticos-musicales “Ritmos de mar”, relativos al puerto de Acapulco.

Y recordemos lectura en el primer libro de la Biblia (Génesis), “El paraíso y la caída”, sobre el pecado original. Con similitud bíblica, teorizó el alquimista y filósofo rosacruz Robert Fludd: “Dios colocó a Adán en El Edén, según situado en Mesopotamia, no lejos del desierto de Arabia. Significó un paraíso terrestre reflejo alquímico del celeste, con dos árboles, el de la vida, y el de la ciencia del bien y del mal. Con Satán que tentó a Eva a comer el fruto prohibido, la manzana, y Adán cayó en la tentación. La manzana de la discordia, remonta la mitología helénicorromana, verbigracia, con la diosa Iris que arrojó airadamente la manzana sobre el mantel nupcial en la boda de Tetis y Peleo, en represalia por no haber sido invitada (Lecturas: Génesis, Gran Enciclopedia Marín, entre otras consultas).

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