Crónica presidencial

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En la toma de posesión presidencial, Andrés Manuel López Obrador, con una exposición de conceptos en propuestas de su gobierno y una transformación profunda y radical en el país, orienta la palabra cambiar o mejorar las condiciones del estado o situación que se viven o padecen. Con el verbo intransitivo discurrir, de andar o pasar, lo hizo AMLO a temprana hora al atardecer del recinto legislativo al zócalo y Palacio Nacional. En su toma de posesión, con la banda presidencial y la protesta como presidente de guardar y hacer guardar la Constitución, realizó un discurso prometedor ante el Poder Legislativo e invitados al evento de su investidura presidencial.

Al asumir el Poder Ejecutivo, López Obrador reiteró el ofrecimiento de “una transformación profunda y radical” para un cambio presidencial o de sistema político por el que votaron los mexicanos en una patria en penuria de la insuficiencia o falta de lo elemental que se necesita para vivir o subsistir. Sobre una transformación o lo que AMLO ha llamado cuarta transformación, a los escépticos los arropa la duda y a los afligidos la incertidumbre, la falta de certidumbre o certeza en la propuestas de un cambio que les beneficie.

Y aplicable a la incertidumbre y destino de México y los mexicanos, la transformación que ofrece el nuevo presidente como cambio absoluto que sirva como máxima del poeta latino Virgilio “incerti quo fata ferant” (estoy incierto, no sé dónde me llevará el destino). Unos cantarían con amarga pena “la incertidumbre de tu amor me mata”. López Obrador citó la palabra abstracta “amor”. Muchos prefieren querer”: “querernos y no odiarnos. El ungido presidente recibió muestras de afecto de una heterogénea multitud en el recinto legislativo y en su trayecto al zócalo capitalino. De atracción, el momento en que el presidente López Obrador recibió el bastón de mando de los pueblos indígenas y descendientes étnicos de México de manos de un representante na savi del Concejo de Ayutla de los Libres, región de la Costa Chica de Guerrero.

La frase esgrimida por López Obrador “una transformación profunda y radical” del país, con adjetivo radical, radicalismo, doctrina y actitud de los que postulan la eficacia de las medidas drásticas para conseguir el mejoramiento de las condiciones sociales. AMLO, con muchas expresiones, reflexivas y festivas que provocaron risas como “me canso ganso”, alusiva a que en tres años estará funcionando el nuevo aeropuerto. Y a la multitud reunida en el zócalo les dijo “no me dejen solo”. El pueblo mexicano anhela que lo ofrecido por AMLO se convierta en una realidad sexenal. “No apostamos al circo y a la simulación”, precisó. La frase intercala una cita del promotor del empirismo, el inglés Francis Bacon, referente a los ídolos del teatro (idola theatri): “cada sistema filosófico —¿también político?— es como una pieza teatral cuando se imponen actitudes diversas no acordes con la realidad”.

La realidad es que AMLO, con tres candidaturas presidenciales, en 2006, 2012 y 2018, determinó su triunfo electoral el pasado 1 de julio con su investidura presidencial el 1 de diciembre. Del remoto pasado al presente, formas de gobierno con tendencias liberales y conservadoras y estilos de gobernar.

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