Crónica: Recuerdos de un camposanto

Crónica: Recuerdos de un camposanto

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Camposanto, nombre popular, deriva de cementerio, con etimológica definición griega: “Lugar de los que duermen”. Y con el verbo intransitivo velar, seres despiertos o “en vela”, sin dormir, con veladoras o velas de cera con pabilo encendido que da luz. En un mundo de sombras, la oscuridad existencial. El culto a nuestros muertos el día 1 de noviembre, de “Todos los santos”, por los niños fallecidos, y el día 2 del oncea-vo mes de un año fatal (2020), de los “Fieles difuntos”, jóvenes y adultos. Serán recorda-dos en hogares con altares de ofrendas de cilindros de cera, vela o veladora, con fotos del sentido recuerdo de nuestros seres fa-llecidos o muertos en trágica circunstancia.

Y la visita a panteones suspendida a partir del 26 de octubre al 8 de noviembre, con el cierre de camposantos, para evitar contagios de CO-VID -19, de mayor riesgo por aglomeraciones, dispone el gobierno de Hé-ctor Astudillo Flores. En un camposanto, se ha derramado el llanto, ¡un moral quebranto, con el recuerdo infausto. El último término de la vida, es la muerte. Un ciclo biológico que se cumple, por enfermedad crónica o epidémica, y/o la muerte que ronda la esquina trágica y violenta. El mortal coronavirus incontenible como la muerte que causa, con cifras alarmantes de contagios y fallecimientos en afectadas regiones.

La muerte que causa el letal virus, probable se frene con una vacuna inmunizante, o se extinga en tiempo como otras epidemias mortales como la influenza o gripe española, o la peste negra que dejó a su paso la muerte de miles de personas en territorio europeo. Y se observa por imágenes difundidas que camposantos o cementerios, están saturados de tumbas. La mortal pandemia, con el infectocontagioso brote, los rebrotes, y una segunda ola del coronavirus que provoca interminables contagios y muertes en países, con una gran cantidad de seres sepulta-dos en terrenos que conforman nuevos panteones.

Y se pregunta: ¿Se permitirá una inhumación o sepultura?, duran-te el cierre de panteones. Y que flores se llevaron antes del cierre de camposantos. El cempoalxóchitl o cempasúchil, rosa de muerto y flor de cementerio, con la queja de escasa demanda de la flor en cultivos o mer-cados, ¡el clavel!, flor de muerto, gladiolas, margaritas, o la amapolita mo-rada, poética flor del regiomontano Alfonso Reyes: “Amapolita morada, del valle en que nací, si no estás enamorada, enamórate de mí”. Y con el recuerdo del poeta hidalguense Ignacio Rodrí-guez Galván: “A la muerte de mi amigo”: ¿Por qué el fúnebre llanto? ¿Por qué la amarga pena, los cirios, y el clamor que el aire lleva? Del aire atmosférico que es vida, y está contaminado, con la inspiración poeta del chiapaneco Jaime Sabines con poemas sobre la muerte: “Todas las voces sepultadas en el enorme panteón del aire que rodea la tierra”.

Y en recuerdo de la mujer-madre que es vida, y violentos se la quitan, del mexicano Vi-cente Riva Palacio, “A mi madre”: “Al recordar tu celestial cariño, de mis cansados ojos brota el llanto, porque pensando en ti me siento niño”. Pérdidas humanas muy sentidas. En 2020 fatal, perdí a un hermano fraternal, por crónica enfermedad. La tierra, eterna sepul-tura, de nuestros muertos. Con una gran suma o cantidad de contagios y muertos por CO-VID -19, a nivel mundial, nacional, regional y municipal. Estados mexicanos afectados por el mal pandémico, Guerrero y Guanajuato, donde también con el mortal virus, son frecuentes los casos violentos, y “donde la vida no vale nada”, “comienza siempre llorando, y así llorando se acaba”.

 

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