Crónica rimada del trabajo

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El Ser laborioso, siente placer o gozo, por actividad que lo hace dichoso. Tiene el gusto del trabajo, en jornada con horario, y feliz con sueldo o salario. Otros por penosa labor y baja percepción se sienten desdichados.

Crítica situación, de la mujer y el varón, comparten quimérica ilusión, la esperanza de vivir mejor. Predomina el contraste, entre el hombre y la mujer, en diversas actividades. “Es sorprendente lo que puede uno lograr siendo constante”, dice el filósofo chino Lin Yutang en libro, sobre “Las conciliaciones humanas”.

En un puerto, se observan diversas actividades laborales, porfiadas de la mujer y el hombre, en oficinas, en mercados, en el transporte, y en toda labor para la diaria y dura subsistencia. Quien contempla laboriosidad de otros, diría como Alonso Quesada ( Rafael Romero ), escritor español de Las Palmas de Gran Canaria, al contemplar trabajo de oficina en colonia inglesa: “Todos trabajan menos yo, que miro…” En el hogar o en un mercado, se observa a la mujer activa, mientras el hombre se desactiva cuando observa con cigarro a la fémina que trajina.

Un amigo que se despabila, según por cansancio, responde cuando se le pregunta si está agotado por el trabajo, y responde con dicho del presidente Andrés Manuel López Obrador: “Me canso, ganso”. Frase con la que AMLO alude a enfrentar retos de su administración ¡Ah, pobre ganso, ave palmípeda que grazna, cuando no siente ganas, y quiere el descanso. En su poético Anagke ( Azul ), el nicaragüense Rubén Darío, con sentidas expresiones de la paloma feliz: “Yo despierto a los pájaros parleros…y entonan sus melódicos cantares… En sus tempraneras conferencias, López Obrador despierta al parlanchín. Y con frase del filósofo humorista Yutang: “¡El sentido del humor!” “¡Ah, con cuanta frecuencia lo saca a uno de las dificultades…!” Y con buen humor, citemos del fabulista español Félix María Samaniego “El viejo y la muerte”: “Por áspero camino, y cargando su leña, maldecía su mísero destino: se cayó, y llamó colérico a La muerte. Lleno de terror, se arrepintió, más la muerte le preguntó, ¿Qué quieres desdichado?? Y el viejo respondió: “¡Qué me carguéis la leña solamente….!”

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