Crónica: Ritmos de vida

Crónica: Ritmos de vida

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Tiempo de buenos y malos ritmos. La palabra latina RITMO, composición armoniosa de sonidos o voces, poética y musicales. Se pierde la armonía de los sonidos musicales sin los acordes armoniosos, también
la armonía en la amistad o buena relación entre personas y grupos confrontados en una disputa. Un ritmo de voces discordantes o disonantes, con violentos ruidos de la discordia, desavenencia u oposición de pareceres y opiniones que dividen con mayor encono a seres. Voces insidiosas con un ritmo discordante de la inquina, la antipatía que brota como espinas venenosas que hacen daño con la intriga y la calumnia.

La discordia brota impetuosa con el odio o rencor, el egoísmo o la envidia, en perjuicio de las relaciones humanas. Se pregunta: ¿Por qué tanto odio?, que hace mucho daño a seres humanos, que ya sufren lo inhumano. Muy cruel. Ritmos violentos, en tiempos de sufrimientos, por mortales enfrentamientos, de ruido y sepulcral silencio. El poder, debe soportar el odio, es lo primero que debe aprender”, razonamiento del filósofo y político latino Lucio Anneo Séneca, con su ideario estoico que exalta la autosuficiencia de un individuo, y pone como ideal al varón fuerte capaz de sobreponerse para alcanzar la paz del ánimo. Los ánimos de seres alterados cuando en sus regiones se violenta la paz. Unos gobernantes aprobarían locución latina: “Si quieres la paz, prepara la guerra” (si vis pacem, para bellum).

Y citemos el ritmo pausado o lento del reloj, en otra locución: “Todas hieren, la última mata”. Y se cantaría: “Reloj no marques las horas… porque mi vida se acaba…”. Con el concepto etimológico “Pandemonium, pandemonio”, desorden exagerado, el que se vive y padece en regiones terrestres, por el ritmo violento de las armas, con lo devastador de los incendios forestales, con las temperaturas elevadas de calor que mata a seres humanos. Y si hablamos de ritmos musicales, “la rumba del cañonazo, en La Habana….”, la bailaron o bailan cubanos con ritmo, y por “bailar al son que tocan”, en circunstancias violentas. En Cuba, la isla que rodea el mar caribeño. Y el ritmo trae a colación de Luis Arcaraz: “Soy prisionero del ritmo del mar, de un deseo infinito de amar. “Tengo el deseo, antes de viajar a otro mundo, de grabar mis poéticas y musicales composiciones sobre el puerto de Acapulco. “Ritmos del mar, una vida eterna, a placer la arena, encanto de soledad”. Se observan bañistas en la playa, y la bella que nada como “María Bonita” (María Félix ), en rítmica composición de Agustín Lara: “Tu cuerpo del mar juguete/ nave al garete/ venían las olas/ lo columpiaban…”. ¡Qué bello puerto!, el de Acapulco, con hermosa bahía, mar y playas, con bañistas felices. “Sobre las olas”, rítmico vals del compositor guanajuatense Juventino Rosas que murió en La Habana (Cuba), de grave enfermedad, olvidado y sin dinero, como muchos seres que padecen un ritmo encadenado de infortunios.

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