Cruda advertencia

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¿Se imagina usted al planeta tierra convertido en un gigantesco desierto? ¿Sabrá el capitalismo y los dueños de los más de mil 100 millones de automotores que hay en el mundo, incluyendo 19 mil aviones comerciales, que, si no cambiamos nuestros cochinos hábitos, el mundo se acabará en solo 30 años? Se ha puesto a pensar ¿cómo será la catástrofe que viene? ¿Estará preparada la humanidad para su extinción? ¿Permitirá el Dios Jehová que el hombre acabe destruyendo al planeta? ¿El apocalipsis que viene será la desaparición de este planeta, nuestra casa común?…

De acuerdo con la Biblia, la tierra jamás desaparecerá, jamás será destruida por el hombre. Pero el cataclismo vendrá por la inconciencia del hombre que se está autodestruyendo a sí mismo y depredando los pocos recursos naturales que nos quedan. Un escalofriante informe de más de 700 páginas dado a conocer por la ONU, la semana pasada, revela una cruda y macabra advertencia: “¡Si no cambiamos, el mundo se acaba en 30 años!”.

Dicho informe nos recuerda que, si el agua del Ártico se calienta entre dos y cinco grados más, más de 4 mil millones de personas habremos de vivir en gigantescos desiertos que no producirán ni cacahuates, además de que la humanidad será presa de los virus y la resistencia a los antibióticos podría ser la causa principal de muerte, para 2050.

Este átomo de la comunicación no pretende alarmar a nadie, pero sí creo que como ambientalista, ante la cruda advertencia de la ONU, es necesario que lo pensemos no una, sino muchas veces en seguir contaminando al planeta tirando plásticos, llantas, pilas alcalinas que llegan a contaminar hasta por 400 años, aunque también tenemos que ser muy severos contra las empresas socialmente irresponsables, como la Minera México del señor Larrea que acaba de cometer otro ecocidio en el Mar de Cortés derramando miles de litros de ácido sulfúrico, capaz de aniquilar a cualquier ser vivo, y sin que haya gobiernos que les paren el alto y es que hay que decirlo: Gobierno y capitalismo conforman un diabólico binomio que nos llevarán al desastre que viene.

Hoy vemos con tristeza cómo decenas de especies marinas están comiendo plástico y nosotros comiendo pescado con altas dosis de contaminantes. Los océanos están convertidos en gigantescos basureros. Los parques, ciudades, pueblos y carreteras están convertidos también en monumentales basureros.

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