Cuba: ¿hacia dónde? Parte III

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Mencionamos en colaboraciones anteriores que el socialismo no se construye destruyendo al capitalismo, ni aniquilando (física, política y económicamente) a los capitalistas o a la burguesía, que ya no es necesaria la violencia, sino construyendo la democracia moderna socialista, porque ya no será únicamente formal, sino real. El socialismo es producto de la cultura.

La economía socialista ya no será una economía estatizada, sino una economía de libre competencia, es decir, será una economía de mercado, habrá también una “democracia económica”, ya no será el Estado el propietario de los medios de producción más importantes y fundamentales, sino que estos se dividirán entre una cantidad razonable de productores, hasta donde las condiciones técnicas y de su producción lo permitan. A las empresas trasnacionales se les conminará a que diversifiquen sus unidades de producción y se abrirá al máximo la competencia entre ellas. El Estado protegerá y ayudará a las medianas empresas, pequeñas y microempresas.

En el socialismo se tratará de evitar a los monopolios y los oligopolios o de controlarlos al máximo, eliminando sus abusos y evitando que sean ellos los que controlen la economía. En los países ricos se trataron de implementar este tipo de políticas y medidas, pero fracasaron, en ellos fue más grande el poder de los monopolios u oligopolios que el poder del Estado.

Ha quedado demostrado que el capitalismo se adapta a varios niveles, que los países más democráticos, son aquellos que tienen una economía de mercado, asimismo, que la democracia moderna está asociada a la economía de mercado y no a los monopolios u oligopolios.

Cuba, al igual que todos los demás países mal llamados socialistas o de “socialismo real” (en lo particular, yo comparto el nombre que les dio León Trotsky, el de “Estados burocráticos”, porque no son Estados obreros, sino Estados degenerados en burocracias), tienen frente a sí mismos, el reto de superarse y de demostrarle al mundo que pueden ser la alternativa real de la humanidad, es decir, construyendo una democracia moderna, socialista y proletaria, que superará en mucho a la que los marxistas denominaron “democracia burguesa” (también, en este tema, comparto más bien el nombre que les dio a las democracias del primer mundo, el economista Joseph Schumpeter: “democracia de élites”.

El camino para la construcción del socialismo es nada menos y nada más que la democracia moderna socialista, a mi entender, democracia es darles prioridad a los intereses de las mayorías, respetando el “individualismo posesivo”, de las minorías, pero con contrapesos. Y de eso es lo que trata el socialismo moderno, o sea, la democracia moderna socialista. CONTINUARÁ.

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