Cuidado con la paranoia presidencial

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Tenemos al presidente más poderoso de la historia reciente del país; está firmemente sentado en la silla presidencial y, sin embargo, López Obrador cree que hay una conspiración en su contra para sacarlo del poder.

En su pésima lectura del movimiento feminista, advierte que la derecha —conservadora, hipócrita y oportunista— se ha infiltrado en dicho movimiento con el avieso fin de hacerle daño a su gobierno. A propósito, cita el caso de “las cacerolas en Chile para preparar el golpe de Estado en contra del presidente Allende” y luego a los enemigos de la Revolución mexicana, incluida la prensa de la época, que tiraron al gobierno de Francisco I. Madero, a quien terminaron asesinando.

¿De verdad estamos en una situación similar? Yo, francamente, no lo veo. ¿Por qué? Primero, porque el movimiento feminista mexicano es auténtico; tiene bases socia les reales de millones de mujeres de carne y hueso. No están jugando a la política opositora al gobierno de AMLO, sino protestando por todas las implicaciones de seguir viviendo en una sociedad machista, incluyendo, en el extremo, los feminicidios.

Segundo, porque la oposición en México está hecha añicos, la derecha partidista, incluida. ¿De qué conservadores está hablando el presidente? ¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿En las catacumbas? ¿Por qué no los nombra? ¿De verdad le tiene tanto miedo a unas cuantas voces que solo hacen ruido en las redes sociales?

Tercero, porque quienes tiraron a Salvador Allende y Francisco I. Madero fueron militares apoyados por Estados Unidos. Aquí no están presentes ni los unos ni los otros. AMLO les ha dado gran poder a las Fuerzas Armadas como ningún presidente de la época reciente. Están, por tanto, muy contentos. Ni se diga del gobierno de Donald Trump, que está más que feliz porque López Obrador le está haciendo la tarea sucia de controlar las drogas y migrantes de este lado de la frontera.

La realidad es que, hoy en día, no existen condiciones para hablar de una gran conspiración para tirar a AMLO o, como han dicho algunas voces lopezobradoristas, de un “golpe blando”. Ni blando ni duro ni nada. La realidad es que tenemos al presidente más poderoso de los años recientes que increíblemente se siente amenazado.

¿Qué lo explica?

Los líderes populistas siempre han medrado con supuestas conspiraciones. Es una vieja historia: la de los judíos y masones confabulando para derrocar a los gobiernos cristianos de Occidente; la de los comunistas comeniños, o la de grandes capitales de Wall Street movilizando ejércitos privados.

Hay políticos cínicos que utilizan estas supuestas conspiraciones para ganarse el apoyo popular sabiendo que son puras chorradas; sin embargo, hay líderes que sí son paranoicos y se creen los complots.

El ejemplo histórico más famoso es el del dictador soviético Iósif Stalin. Entre más se afianzaba en el poder, más conspiraciones veía, de tal suerte que no solo aniquiló a sus adversarios, sino a muchos de sus aliados. A la postre, su sucesor, Nikita Jrushchov, reconocería la paranoia de Stalin como un terrible “accidente histórico” para la Unión Soviética.

Regresemos a López Obrador. ¿Cínico o paranoico cuando ve conspiraciones, por ejemplo, en el movimiento feminista? ¿Se siente igual de amenazado que Allende o Madero por el enojo de las mujeres?

Tiendo a pensar que el presidente sí ve moros con tranchetes. Al parecer, se quedó traumado después de su primer intento por llegar a la Presidencia. Primero, los videoescándalos que visibilizaron la corrupción de políticos muy cercanos a él cuando era jefe de Gobierno del Distrito Federal. Desde el primer momento, AMLO dijo que se trataba de un complot para afectarlo. Y sí, efectivamente, había políticos que aprovecharon esos videos para perjudicarlo. Luego vino el desafuero donde el gobierno de Fox metió vergonzosamente las manos en un intento por impedir que compitiera en las elecciones presidenciales de 2006.

Desde entonces, siempre he visto a un AMLO paranoico que permanentemente se siente amenazado. Hasta ahora, que tiene un gran poder, todo lo que está fuera de la órbita de su Cuarta Transformación lo desespera y, en última instancia, lo percibe como un complot para derrocarlo. Cuidado con esto porque, como la historia lo ha demostrado, los líderes paranoicos terminan mal y, los países que gobiernan, peor.

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